viernes, 2 de febrero de 2018

Natalia Ginzburg


La muerte de Pavese


 Pavese cometía errores más graves que los nuestros. Porque nuestros errores eran generados por el impulso, la imprudencia, la estupidez o el candor; en cambio los errores de Pavese nacían de la prudencia, del cálculo y de la inteligencia. Nada es tan peligroso como esta clase de errores. Pueden ser, como lo fueron para él, mortales; porque de lo caminos que se equivocan por astucia es difícil regresar. Los errores que se cometen por astucia se enlazan estrechamente: la astucia hunde en nosotros raíces más firmes que la irreflexión y la imprudencia: ¿cómo liberarse de ataduras tan tenaces, tan apretadas, tan profundas? La prudencia, el cálculo y la astucia tienen el rostro de la razón: el rostro, la voz amarga de la razón, que argumenta con sus argumentos infalibles, frente a los que no hay nada que decir, no queda si no asentir. 
 Pavese se mató un verano en el que ninguno de nosotros estaba en Torino. Había preparado y calculado las circunstancias que preservaban su muerte, como quien prepara y dispone el curso de un paseo o de una velada. No le gustaba que hubiera, ni en los paseos ni en las veladas, nada de imprevisto o de casual. Cuando íbamos él, Balbo, el editor y yo a dar un paseo por la colina, se irritaba muchísimo si algo desviaba el curso que había dispuesto, si alguien llegaba tarde a la cita, si cambiábamos el programa sobre la marcha, si se unía a nosotros una persona imprevista, si una circunstancia fortuita nos llevaba a comer, en lugar de en la trattoría que él había elegido, en la casa de algún conocido encontrado inesperadamente por la calle. Lo imprevisto lo ponía incómodo. No le gustaba ser tomado por sorpresa.
 Había hablado por años de suicidarse. Nadie le creyó jamás. Cuando venía a vernos a Leone y a mí, comiendo ciruelas, y los alemanes invadían Francia, ya hablaba de eso. No por Francia, no por los alemanes, no por la guerra que embestía contra Italia. Tenía miedo de la guerra, pero no lo suficiente como para matarse por la guerra. Siguió teniendo miedo de la guerra, aún mucho después de que la guerra terminara: como el resto de nosotros. Porque eso es lo que pasó, apenas terminada la guerra volvimos enseguida a tener miedo de una nueva guerra y a pensar en ella siempre. Y en él el miedo era mayor que en nosotros: era en él, el miedo, el vórtice de lo imprevisto y de lo desconocido, horrendo a la lucidez de su pensamiento; aguas oscuras, vertiginosas y venenosas en las desnudas orillas de su vida.
 No tenía, en el fondo, para matarse, un motivo real. Pero compuso algunos y calculó la suma con precisión fulminante, los compuso nuevamente y volvió a ver, asintiendo con su sonrisa maligna, que el resultado era idéntico y por lo tanto exacto. Miró más allá de su vida, en nuestros días futuros, pensó en cómo se comportaría la gente al confrontar sus libros y su memoria. Miró más allá de la muerte, como aquellos que aman la vida y no saben cómo despegársele, y aun pensando en la muerte van imaginando, no la muerte sino la vida. Él, sin embargo, no amaba la vida, y ese mirar suyo más allá de la propia muerte no era amor por la vida, sino un profundo cálculo de circunstancias, para que nada, ni siquiera después de muerto, pudiera tomarlo por sorpresa.

(de Lessico Famigliare, 1963.)


Original Italiano:



Pavese commetteva errori più gravi dei nostri. Perché i  nostri errori erano generati da impulso, imprudenza, stupidità e candore; e invece gli errori di Pavese nascevano dalla prudenza, dal calcolo, e dall’intelligenza. Nulla è pericoloso come questa sorta di errori. Possono essere, come lo furono  per lui, mortali; perché dalle strade che si sbagliano per astuzia, è difficile ritornare. Gli errori che si commettono per astuzia, ci avviluppano strettamente: l’astuzia mette in noi radici più ferme che non l’avventatezza o l’imprudenza: come sciogliersi da quei legami così tenaci, così stretti, così profondi? La prudenza, il calcolo, l’astuzia hanno il volto della ragione: il volto, la voce amara della ragione, che argomenta con i suoi argomenti infallibili, ai quali non c’è nulla da rispondere, non c’è che assentire.
Pavese si uccise un’estate che non c’era, a Torino, nessuno di noi. Aveva preparato e calcolato le circostanze che riguardavano la sua morte, come uno che prepara e  predispone il corso d’una passeggiata o d’una serata. Non amava vi fosse, nelle passeggiate e nelle serate, nulla  d’imprevisto o di casuale. Quando andavamo, lui, io, i Balbo e l’editore, a far passeggiate in collina, s’irritava moltissimo se qualcosa deviava il corso da lui predisposto, se qualcuno arrivava  tardi all’appuntamento, se cambiavamo all’improvviso il programma, se si aggiungeva a noi una persona imprevista, se una circostanza fortuita ci portava a mangiare, invece che nella trattoria che lui aveva prescelto, nella casa di qualche conoscente incontrato  inaspettatamente per strada. L’imprevisto lo metteva a disagio. Non amava esser colto di sorpresa.
Aveva parlato, per anni, di uccidersi. Nessuno gli credette mai. Quando veniva da me e da Leone mangiando ciliegie, e i tedeschi prendevano la Francia, già allora ne parlava. Non per la Francia, non per i tedeschi, non per la guerra che stava investendo l’Italia. Della guerra aveva paura, ma non abbastanza per uccidersi a motivo della guerra. Continuò tuttavia ad avere paura della guerra, anche dopo che la guerra era  da gran tempo finita: come, del resto, noi tutti. Perché questo ci accadde, che appena finita la guerra ricominciammo subito ad avere paura di una nuova guerra, e a pensarci sempre. E in lui la paura era più grande che in noi: era in lui, la paura, il vortice dell’imprevisto e dell’inconoscibile, che sembrava orrendo alla lucidità del suo pensiero; acque buie, vorticose e venefiche sulle rive spoglie della sua vita.
Non aveva, in fondo, per uccidersi, alcun motivo reale. Ma compose insieme più motivi e ne calcolò la somma, con precisione fulminea, e ancora li compose insieme e ancora vide, assentendo col suo sorriso maligno, che il risultato era identico e quindi esatto. Guardò anche oltre la sua vita, nei nostri giorni futuri, guardò come si sarebbe comportata la gente, nei  confronti dei suoi libri e della sua memoria. Guardò oltre la morte, come quelli che amano la vita e non sanno staccarsene, e pur pensando alla morte vanno immaginando non la morte, ma la vita. Lui tuttavia non amava la vita, e quel suo guardare oltre la propria morte non era amore per la vita, ma un profondo calcolo di circostanze, perché nulla, nemmeno dopo morto, potesse coglierlo di sorpresa.
 (Lessico Famigliare; Mondadori, 1974; p.184-5.)

Biografía:


Hija de Giuseppe Levi y Lidia Tanzi, nació en Palermo en el seno de una familia acomodada de origen triestino, pero buena parte de su vida la pasó en Turín, adonde su padre, profesor universitario de anatomía, fue trasladado en 1919, cuando ella tenía tres años. Tanto él como sus hermanos fueron apresados y procesados por sus ideas antifascistas. Su madre era hija de un abogado socialista. Hija de un librepensador (además, la familia paterna era judía) y de una mujer de educación católica, tuvo una formación laica: ninguno de ellos eran practicantes. La enseñanza media la hizo en el instituto Alfieri.
 En 1933 publicó su primer cuento, I bambini (Los niños), en la revista Solaria.
 Cinco años más tarde se casó con Leone Ginzburg, un intelectual antifascista de origen ruso y profesor de literatura rusa que había estado en la cárcel en 1934 y 1936 por sus ideas. El matrimonio se relaciona con los intelectuales antifascistas turineses, especialmente con los relacionados con la editorial Einaudi, de la que Leone Ginzburg era cofundador desde 1933. Mantendrán gran amistad con Cesare Pavese y con Carlo Levi, entre otros.
 En 1940 el matrimonio se muda a Pizzoli, un pueblo de los Abruzos, donde su marido había sido desterrado por el gobierno de Mussolini y en el que permanecerá hasta 1943. Con él tendrá tres hijos: Carlo (Turín, 15.04.1939), futuro famoso historiador, Andrea (Turín, 09.04.1940) y Alessandra (Pizzoli, 20.03.1943).
 Con el seudónimo de Alessandra Tornimparte publicó en 1942 su primera novela, El camino que va a la ciudad, que reeditará en 1945 ya con su firma definitiva, Natalia Ginzburg.
 Después del comienzo de la deportación sistemática de los judíos, y tras varias vicisitudes, su marido fue detenido y torturado hasta la muerte en la cárcel de Regina Coeli de Roma, en 1944.
 Natalia Ginzburg, poco después de liberada ese mismo año, llega en octubre a Roma, donde comienza a trabajar en Einaudi, la editorial donde publicará sus novelas. En otoño del año siguiente regresó a Turín, adonde habían ya retornado sus padres y sus hijos, quienes durante los meses de la ocupación alemana se habían refugiado en Toscana.
 En 1947 aparece su segunda novela È stato cosí, con la que gana el premio Tempo. Se trata de un libro desesperado, violento y lleno de tristeza. La tristeza se combinará en sus obras posteriores con una original comicidad.
 Se casa en 1950 con el profesor universitario Gabriele Baldini, especialista en literatura inglesa que fue director del Instituto Italiano de Cultura en Londres. El matrimonio tendrá dos hijos: Susanna (04.09.1954–15.7.2002) y Antonio (06.01.1959–03.03.1960).
 En 1952 publica Todos nuestros ayeres; cinco años más tarde salen el libro de cuentos Valentino (premio Viareggio) y la novela Sagitario; y en 1961 lanza su importante novela Las palabras de la noche, que en 2003 será llevada al cine por el español Salvador García Ruiz con el título de Las voces de la noche.
 Natalia Levi gana luego el prestigioso premio Strega, en 1963, con Léxico familiar, novela autobiográfica con la que consiguió también un gran éxito de ventas. Ese mismo año hizo su único papel en el cine, en la película de Pier Paolo Pasolini: El Evangelio según San Mateo, en la que interpretó a María de Betania.
 En 1969 muere su segundo marido. Ella continúa con su escritura, cada vez más interesada en el microcosmos de las relaciones familiares: Querido Miguel (1973), Familia (1977), otra novela epistolar La ciudad y la casa (1984), y un libro inclasificable y extenso, La famiglia Manzoni (1983), sobre la esfera doméstica del gran escritor italiano.
 Al mismo tiempo, después de la muerte de Baldini, Natalia Ginzburg, como la mayoría de los intelectuales de izquierda italianos de aquella época, comienza a participar cada vez más activamente en política y en 1983 es elegida diputada del Parlamento por el Partido Comunista Italiano.
 Otras facetas en las que destacó fue como autora de comedias teatrales y traductora: entre las primeras, destacan Ti ho sposato per allegria (1970) o Paese di mare (1972). Sus traducciones más celebradas son las que realizó del francés (Marcel Proust, Gustave Flaubert y Maupassant).
 Murió en Roma la noche de 6 al 7 de octubre de 1991. Su obra apareció en Einaudi, editorial de Turín con la que tuvo lazos amistosos y de asesoramiento a lo largo de toda su vida. Numerosas polémicas cívicas, recogidas en ensayos, pudo canalizarlas finalmente con su participación en el Parlamento durante sus últimos años.

Bibliografía:

La strada che va in città, novela corta, 1942 
È stato così, novela corta, 1947.
Tutti i nostri ieri, novela, 1952
Valentino, novela corta, 1957.
Sagittario, novela corta, 1957
Le voci della sera, novela corta, 1961.
Le piccole virtù, ensayo, 1962.
Lessico famigliare, novela, 1963.
Mai devi domandarmi, ensayo, 1970.
Caro Michele, novela, 1973.
Famiglia, 1977, con dos novelas cortas, la de ese título y Borghesia.
La famiglia Manzoni, biografía literaria, 1983.
La città e la casa, 1984.
Non posiamo saperlo, saggi 1973-1990, 2001, ensayos.


sábado, 27 de enero de 2018

Aldo Palazzeschi



El Absuelto

Cuando mis buenos hermanos
me habían sepultado dos veces,
dijo una voz:
(no sé ni cómo ni dónde)
“Absuelto, Falta absoluta de pruebas”.
Se abrieron todas las puertas,
se abrieron todas las rejas.

“¡Absuelto!”

Soy “el absuelto”
queridos señores,
y ahora que estoy fuera
mírenme bien la cara:
¿he matado?

“¡Absuelto!”

Es mi profesión,
e intento explotarla
en su mejor ángulo.

“¡Absuelto!”

Apenas salí
me di cuenta enseguida
cuál era el mejor partido.
¿Huir?
¿Esconderse de los ojos de la gente?
¡Qué va!
¿Sustraerse a la grosería
de la duda que desempeño?
¿Desempeñarla dignamente
o con desenvoltura?
¡Qué va! ¡Nada, nada!
Exhibirse, sin medida,
generosamente.

Es por eso que frecuento las calles,
el paseo, los teatros, el café,
como cualquier otro hombre no absuelto:
algunas veces me divierto poco…
algunas otras mucho…
ni más ni menos que él o vos.
Es sabido que aquellos que me encontraban
entrelazaban con la mía bellas sonrisas,
¡vieron ahora qué caras…
qué caras me pusieron!
Y qué voces sorprendo en la reuniones.
¡Vieron qué ojos!

-Un inocente se disculpa.
-Un pícaro lo mismo.
-Ha callado, he ahí todo.
-Ha callado como un inocente.
-¡Ha callado como un pícaro!
-¿Y los errores?
-¡Estos son los errores,
los delincuentes están todos afuera!

Entro por un rato al teatro
Tomo posesión de mi butaca
con mucha seriedad.
Me vuelvo, me inclino, me despliego;
me dejo admirar por todos lados
con aire de Dios.
Y si ciertas caras se apartan recordando
la mía se mantiene inflexible.
Los primeros veinte minutos
el espectáculo lo doy yo.
“Bella que estás apuntándome
a través de la lente de tus impertinentes,
dime, mi bello hociquito,
¿me deseas inocente,
o me deseas asesino?”
Un señor allá atrás
desde distintos lugares,
mastica deprisa entre dientes:
“¡En el trono, en el trono los bandidos!”
Y otro:
“¡Miren que risa esta noche,
caruchas de galera!”
Cuando se alza el telón
me vuelvo aún yo
un humilde espectador,
como él,
en los rincones un poco actor,
y aún espectador como vos, como todos los otros.
Y si después a la salida alguno me espera,
Salgo despacito despacito
sin ninguna prisa.
Después voy al café.
Mientras hay gente despierta en la ciudad
estoy a su disposición,
nadie debe ser defraudado
en la legítima curiosidad,
soy un caballero
en mi profesión.
Y no crean que sea perezoso
en salir a la mañana, ¡qué va!
es necesario pensar que el madrugador
tiene los mismo derechos que el ciudadano noctámbulo.

“¡Absuelto!” Puede parecer poco…y puede parecer mucho.
Mírenme bien la cara:
¿he matado?
(Versión G.M.)




Original italiano:


L’ASSOLTO


Allor che i miei buoni fratelli
m’avevan due volte sepolto,
disse una voce:
(io non so come e dove).
“Assolto. Mancanza assoluta di prove”.
Si apersero tutte le porte,
si apersero tutti i cancelli.

“Assolto!”

Io sono “l’assolto”
miei cari signori,
e ora che sono fuori
guardatemi bene in viso: ...
ho ucciso?

“Assolto!”

È la mia professione,
che intendo bene di sfruttare
dal suo lato migliore.

“Assolto!”

Appena uscito
mi accorsi subito
qual era il miglior partito.
Fuggire?
Nascondersi agli occhi della gente?
Macché!
Sottrarsi alla sconcezza
del dubbio ch’io rivesto?
Macché!
Rivestirlo dignitosamente
o con disinvoltura?
Macché! Niente, niente!
Esibirsi, senza misura,
generosamente.
Gli è perciò ch’io frequento le strade,
il passeggio, i teatri, il caffè,
come ogn’altr’uom non assolto:
certe volte mi diverto poco…
certe altre molto…
né più né meno di lui o di te.
Si sa che color che incontrandomi
intrecciavan col mio bei sorrisi,
vedeste ora che visi…
che visi mi fanno!
E che voci sorprendo dai crocchi.
Vedeste che occhi!

- Un innocente si scolpa.
- E un farabutto lo stesso.
- Ha taciuto, ecco tutto.
- Ha taciuto come un innocente.
- Ha taciuto come un farabutto!
- E gli errori?
- Questi sono gli errori,
i delinquenti sono tutti fuori!

Entro per tempo in teatro,
prendo possesso della mia poltrona
con molto sussiego.
Mi volgo, mi chino, mi spiego;
mi lascio ammirar giro giro
con aria da Dio.
E se certi visi si spostano Ricordando
resta inflessibile il mio.
Per i primi venti minuti
lo spettacolo lo do io.
“Bella che stai puntandomi
attraverso la lente
dell’occhialino,
dimmi, mio bel musino,
mi desideri innocente,
o mi desideri assassino?”
Un signore là indietro,
dai posti distinti,
macina lesto fra i denti:
“Sul trono, sul trono i briganti!”
E un altro:
“Guardate che ghigna stasera,
facciaccia da galera!”
Quando s’alza il sipario
divento anch’io
un umile spettatore,
come lui,
negli anfratti ritorno un poco attore,
eppoi ancora spettatore come te, come tutti gli altri.
E se dopo all’uscita qualcuno mi aspetta,
io esco pian pianino
senza nessuna fretta.
Poi vado al caffè.
Finché c’è gente sveglia nella città
resto a sua disposizione,
nessuno dev’essere defraudato
nella legittima curiosità,
sono un galantuomo
nella mia professione.
E non crediate ch’io sia tardivo
ad escir fuori al mattino, macché!
bisogna pensare che il mattiniero
ha gli stessi diritti del nottambulo cittadino.

“Assolto!” Può sembrar poco… e può sembrar di molto.
Guardatemi bene in viso:
ho ucciso?





Biografía breve:
Aldo Giurlani nació en Florencia en el seno de una familia burguesa acomodada, y estudió contaduría y actuación antes de publicar su primer libro de poesía, I cavalli bianchi (en español, Los caballos blancos) en 1905 usando el apellido de su abuela materna como seudónimo. Después de conocer a Filippo Tommaso Marinetti, se convirtió en un ferviente futurista. Sin embargo, nunca se sintió completamente identificado ideológicamente con el movimiento y se separó del grupo cuando Italia entró en la Primera Guerra Mundial, a la cual se opuso. Su "período futurista" (la década de 1910) fue muy próspero para su carrera, ya que durante el mismo publicó una serie de libros que establecieron su reputación. La más notable de sus obras de la época es la novela Il codice di Perelà, publicada en 1911.
Durante el período de entreguerras, su productividad disminuyó, ya que se dedicó más al periodismo y a otras actividades. También en esta época se destacó como anti fascista. Regresó a la escritura con una serie de novelas publicadas a finales de la década de 1960 y principios de los años 1970 que le aseguraron su posición en el mundo literario vanguardista de posguerra.
Falleció en 1974 en su departamento en Roma. En la actualidad se lo considera una figura influyente sobre los escritores italianos modernos, especialmente sobre los neovanguardistas en prosa y verso. Su obra es reconocida por sus "elementos grotescos y fantásticos".



Bibliografía:

I cavalli bianchi (1905)
Lanterna (1907)
Poemi (1909)
L'incendiario (1910)
Il codice di Perelà(1911)
Il controdolore (1914)
Due imperi... mancati (1920)
L'interrogatorio della contessa Maria (1925)
La piramide (1926)
Stampe dell'Ottocento (1932)
Sorelle Materassi (1934)
Il palio dei buffi (1936)
Allegoria di novembre (1943)
Difetti 1905 (1947)
I fratelli Cuccoli (1948)
Bestie del '900 (1951)
Roma (1953)
Scherzi di gioventù (1956)
Il buffo integrale (1966)
Il doge (1967)
Cuor mio (1968)
Stefanino (1969)
Storia di un'amicizia (1971)
Via delle cento stelle (1972)




domingo, 3 de diciembre de 2017

Antonia Pozzi



Brughiera


I

  Acuclillado entre las pervincas
rehuyes
la furia jadeante de los caballos
y el aullido
de los perros al sol.

  Eres como el lagarto verde y azul
que del propio rumor se espanta
y amas
estos cerezos apenas en flor, casi
sin sombra.

  Tenues
perfiles de colinas en tus pestañas:
y en el oído
así encorvado sobre la requemada erica
de cuando en cuando el retumbo
de los potros lanzados por el llano.

II


  Con las mariposas a ras de tierra
dudas
del florecer de la retama:
y de golpe
enormes alas te da
esta sombra trasvolante en rombos.
  Ahora ríes,
acero espléndido,
del sombrío
desbocarse de los caballos, al pávido
saltar de las liebres entre los narcisos.

III

  Persisten
caricias no dadas
entre los dedos de los duraznos
y las miradas
de amor que jamás tuvimos
se cuelgan de las glicinas sobre los puentes-

  Pero el río
es densa furia de agua sin crestas,
en el regazo
lleva profundos rostros de montaña:
y en el inmenso
recodo de los bosques encuentra leve el viento,
toca las frescas nubes
de abril.

28 de abril de 1937.
(Versión G.M.)


Texto original italiano:



Brughiera

I


  Accoccolato tra le pervinche
sfuggi
la furia ansante dei cavalli
e l’urlo
dei cani al sole.

  Tu sei come il ramarro verde e azzurro
che del proprio rumore si spaura
e hai cari
questi ciliegi appena in fiore, quasi
senz’ombra.

  Tenui
profili di colline alle tue ciglia:
e all’orecchio
così curvo sull’erica riarsa
a quando a quando il rombo
dei puledri lanciati per la piana.

II

  Con le farfalle raso terra
esitavi
al fiorire della ginestra:
e ad un tratto
enormi ali ti dà
quest’ombra trasvolante in rombo.

  Ora ridi,
acciaio splendido,
all’ombroso
imbizzarrirsi dei cavalli, al pavido
balzare delle lepri fra i narcisi.

III

  Indugiano
carezze non date
fra le dita dei peschi
e gli sguardi
d’amore che mai non avemmo
s’appendono alle glicini sui ponti –

  Ma il fiume
è densa furia d’acque senza creste, nel grembo
porta profondi visi di montagne:
e all’immenso
svolto dei boschi trova lieve il vento,
tocca le fresche nuvole
d’aprile.

28 aprile 1937





Biografía breve

  Hija de Roberto, un importante abogado milanés, y de la condesa Lina Cavagna Sangiuliani, sobrina de Tommaso Grossi. Estudió en la escuela secundaria clásica de Manzoni en Milán, donde vive con su profesor de latín y griego, Antonio Maria Cervi, una relación que se interrumpirá en 1933, tal vez debido a la fuerte interferencia de sus padres.
En 1930 se matriculó en la Facultad de Filología de la Universidad de Milán, frecuentando a Vittorio Sereni, Enzo Paci, Luciano Anceschi, Remo Cantoni; siguió las lecciones de alemán de Vincenzo Errante y del profesor de estética Antonio Banfi, quizás el profesor universitario italiano más abierto y moderno de la época, con el que se graduó en 1935 defendiendo una tesis sobre Gustave Flaubert.
 Lleva un diario y escribe cartas que expresan sus intereses culturales, se dedica a la fotografía, da largos paseos en bicicleta, planifica una novela histórica sobre Lombardía, estudia alemán, francés e inglés, viaja, aunque brevemente por Italia, Francia , Austria, Alemania e Inglaterra, pero su lugar favorito es la villa familiar del siglo XVIII, en Pasturo, al pie del Grigne, en la provincia de Lecco, donde se encuentra su biblioteca y donde estudia, escribe en contacto con la naturaleza solitaria y la montaña.
  La gran italianista María Corti, que la conoció en la universidad, dijo que "su espíritu nos recordó a esas plantas de montaña que solo pueden expandirse al borde de las grietas, al borde de los abismos. Era hipersensible, con una dulce angustia creativa, pero al mismo tiempo, una mujer con un fuerte carácter y una hermosa inteligencia filosófica; tal vez fue inocente presa de la paranoica censura parental de su vida y su poesía. Sin duda, estaba en crisis con el cerrado entorno religioso familiar. La querida tierra lombarda, la naturaleza de las plantas y los ríos, ciertamente la consoló más que sus compañeros ".
  A los veintiséis años se quitó la vida con barbitúricos una tarde de diciembre de 1938, en el prado frente a la Abadía de Chiaravalle. En la despedida a sus padres, habló de "desesperación mortal". La familia negó la circunstancia "escandalosa" del suicidio, atribuyendo la muerte a la neumonía. Su testamento fue destruido por el padre, quien también manipuló los poemas, escritos en cuadernos. 




Obra:
Toda su obra fue publicada de manera póstuma

-Parole, Milano, Mondadori, 1939, I ed., 91 poesie; 1943, II ed., 157 poesie; 1948, III ed., 159 poesie; 1964, IV ed., 176 poesie, con prefazione di Eugenio Montale.
-Flaubert. La formazione letteraria (1830 - 1865), tesi di laurea, con prefazione di Antonio Banfi, Garzanti, 1940.
-La vita sognata ed altre poesie inedite, Milano, Scheiwiller, a cura di Alessandra Cenni e Onorina Dino, 1986.
-Diari, introduzione di O. Dino a cura di O. Dino e A.Cenni, Scheiwiller, 1988.
-L'età delle parole è finita. Lettere (1925 - 1938), con prefazione di A. Cenni, Milano, Archinto, 1989.
-Parole, con prefazione di Alessandra Cenni, a cura di A. Cenni e O. Dino, Milano, Garzanti, 1989 e 2001
-Pozzi e Sereni. La giovinezza che non trova scampo, a cura di Alessandra Cenni, Milano, Scheiwiller, 1988.
-Mentre tu dormi le stagioni passano..., a cura di Alessandra Cenni e Onorina Dino, Milano, Viennepierre, 1998.
-Poesia, mi confesso con te. Ultime poesie inedite (1929-1933), a cura di Onorina Dino, Viennepierre, 2004.
-Nelle immagini l'anima: antologia fotografica, a cura di L. Pellegatta e O. Dino, Milano, Ancora, 2007.
-Diari e altri scritti, nuova edizione a cura di Onorina Dino, note ai testi e postfazione di Matteo M. Vecchio, Milano, Viennepierre, 2008
-A. Pozzi - T. Gadenz, Epistolario (1933-1938), a cura di O. Dino, Viennepierre, Milano 2008
-Tutte le opere, a cura di Alessandra Cenni, Garzanti, Milano, 2009
-Poesia che mi guardi, a cura di Graziella Bernabò e Onorina Dino, Bologna, Luca Sossella Editore, 2010
-Soltanto in sogno. Lettere e fotografie per Dino Formaggio, a cura di Giuseppe Sandrini, Verona, Alba Pratalia, 2011
-Flaubert. La formazione letteraria (1830-1865) , a cura di Alessandra Cenni, Milano, Libri Scheiwiller, 2012
-Lieve offerta, Poesie e Prose, a cura di Alessandra Cenni e Silvio Raffo, Milano, Bietti, 2013
-Ti scrivo dal mio vecchio tavolo. Lettere (1919-1938), a cura di Graziella Bernabò e Onorina Dino, Milano, Àncora, 2014
-Nel prato azzurro del cielo, a cura di Teresa Porcella, illustrazioni di Gioia Marchegiani, Firenze, Motta Junior, 2015
-Parole. Tutte le poesie, a cura di Graziella Bernabò e Onorina Dino, Milano, Àncora, 2015
-Lieve offerta, Poesie e Prose, a cura di Alessandra Cenni e Silvio Raffo (con la biografia di Alessandra Cenni: In riva alla vita), Milano, Bietti, 1ª ed. 2014, 2ª ed. 2015, ebook 2016.






martes, 21 de noviembre de 2017

Sandro Penna




Las puertas del mundo no saben
que afuera la lluvia las busca.
Las busca. Las busca. Paciente
se pierde, regresa. La luz
no sabe de la lluvia. La lluvia
no sabe de la luz. Las puertas,
las puertas del mundo están tapiadas:
cerradas a la lluvia,
cerradas a la luz.


de Poesie inedite 1927-1955
(Versión G.M.)


Poesie, Garzanti, 1995.

Original italiano:

Le porte del mondo non sanno
che fuori la pioggia le cerca.
Le cerca. Le cerca. Paziente
si perde, ritorna. La luce
non sa della pioggia. La pioggia
non sa della luce. Le porte,
le porte del mondo son chiuse:
serrate alla pioggia,
serrate alla luce.

(da Poesie inedite 1927-1955)


Hojita de traducción

Biografía sucinta:

Sandro Penna (Perugia, 12 de junio de 1906 - Roma, 21 de enero de 1977) 


Su padre era comerciante en Perugia, ciudad en la que vivió hasta los veintitrés años. El resto de su vida (salvo un breve periodo que pasó en Milán), transcurrió en Roma, ciudad en la que morirá. En 1939 publica sus primeros poemas con éxito, lo que le permite colaborar en importantes revistas literarias de aquel tiempo, como Corrente, Letteratura o Il Frontespizio. Allí aparecieron textos en prosa que posteriormente se publicaron bajo el título de Un po' di febbre.
En 1950 publicó su segundo libro de poemas con el título de Appunti.
En 1955 publicó el relato Arrivo al mare . En 1956 aparece una de sus obras más importantes, en la que se define mejor su personalidad y el estilo de su obra: Una strana gioia di vivere, editado por Scheiwiller en 1956 . En 1957 la editorial Garzanti publica una antología completa de sus poemas, con las que obtiene ese mismo año el Premio Viareggio.
En 1958 aparece un nuevo libro de poemas: Croce e delizia, editorial Longanesi. En 1970 Garzanti edita Tutte le Poesie , donde se recogen todos los libros precedentes y muchos textos inéditos hasta entonces. Con este libro, Penna gana el Premio Fiuggi.
En 1976 publica Stranezze , con el que gana en enero de 1977, pocos días antes de su muerte, el Premio Bagutta.



Obras:

Poesie, Firenze, Parenti, 1939.
Traduzione di Paul Claudel, Presenza e profezia, Milano, Ed. di Comunità, 1947.
Appunti, Milano, Edizioni della meridiana, 1950.
Arrivo al mare, Roma, De Luca, 1955.
Una strana gioia di vivere, Milano, All'insegna del pesce d'oro, 1956.
Poesie, Milano, Garzanti, 1957.
Croce e delizia, Milano, Longanesi, 1958.
Tutte le poesie, Milano, Garzanti, 1970. (dal 1989 edito come Poesie con prefazione di Cesare Garboli)
Prosa in Acruto Vitali, Il tempo scorre altrove. Poesie 1919-1963, Milano, All'insegna del pesce d'oro, 1972.
Un po' di febbre, Milano, Garzanti, 1973.
L'ombra e la luna. Sette poesie, Milano, Vanni Scheiwiller, 1975. (con sette acqueforti di Cristiana Isoleri)
Stranezze (1957-1976), Milano, Garzanti, 1976.
Segreti, svelati da Enzo Giannelli, Roma, Don Chisciotte, 1977.
Il viaggiatore insonne, a cura di Natalia Ginzburg e Giovanni Raboni, Genova, San Marco dei Giustiniani, 1977.
Traduzione di Prosper Mérimée, Carmen e altri racconti, Torino, Einaudi, 1977.
Il rombo immenso, Milano, Scheiwiller, 1978.
Confuso sogno, a cura di Elio Pecora, Milano, Garzanti, 1980.
Peccato di gola. Poesie al fermo posta, Milano, Libri Scheiwiller, 1989. 
Appunti di vita, Perugia, Electa, 1990.  (da una mostra a cura di Elio Pecora)
Lettere e minute, 1932-1938, con Eugenio Montale, introduzione di Elio Pecora, a cura di Roberto Deidier, Milano, Archinto, 1995. 
Umberto Saba, Lettere a Sandro Penna, 1929-1940, a cura di Roberto Deidier, Milano, Archinto, 1997. 
Una felicità possibile. Appunti di diario, a cura di Elio Pecora, Genova, San Marco dei Giustiniani, 2000.
Cose comuni e straordinarie, a cura di Elio Pecora, Genova, San Marco dei Giustiniani, 2002.
Autobiografia al magnetofono, a cura di Elio Pecora, Genova, San Marco dei Giustiniani, 2006. 
Poesie, prose e diari, a cura di Elio Pecora e Roberto Deidier, Collana I Meridiani, Milano, Mondadori, 2017,

martes, 31 de octubre de 2017

Gianni Celati-Leopardi y el deseo infinito




He aquí por qué debemos leer a Leopardi

  Lo primero que quiero hacer es sugerir escuchar los fragmentos del Zibaldone de Leopardi sobre el fondo de todas estas frases hechas que nos inducen día tras día a ser cada vez más optimistas respecto al porvenir, al progreso, a aquello que pueden hacer los políticos por nosotros, optimistas sobre la escuela – todo ese optimismo que el tipo ahí destiló durante media hora como programa de su partido.  Este es un trasfondo inevitable. No creo que se pueda leer a Leopardi el día de hoy sin pensar en este trasfondo, es decir el trasfondo de las palabras con las que nos vienen y que son palabras publicitarias. La publicidad hoy no tiene más límite, la publicidad –podría decir –ha sustituido al ánimo humano. La gente al día de hoy cree que la literatura, hablar o hacer literatura es hacer publicidad de algo. La literatura es muda, no hace publicidad de nada, no sirve para nada, la literaturas nos confirma esta nada que somos. Y sólo porque somos una nada no tenemos necesidad de estar juntos. No existe idea de comunidad posible si no a partir del hecho de que somos nada, cada uno de nosotros es una nada. He aquí que todo este trasfondo publicitario no sólo lo cancela, debe cancelarlo en seguida –como tabú absoluto- y extender incluso un clima de terror, un terror totalitario: quien no está de acuerdo con este consenso de los hombres que quieren ser algo, alguien, sustancialmente ricos, tener el poder en las manos, esta democratización del poder tiránico en manos de los hombres –el que no está de acuerdo con esto es eliminado, al día de hoy no encuentra trabajo, no tiene un lugar donde estar. Este es el trasfondo concreto, que ustedes pueden ver todos los días, el hecho de que debamos volvernos emprendedores de nosotros mismos para hacer publicidad de nosotros mismos, a cada rato, de otra manera no hay espacio para nosotros.

Todo Leopardi se lee no contra, sino sobre este trasfondo, por decir algo: Leopardi es aun nuestro compañero de calle porque es ajeno a este tipo de trasfondo en el que estamos inmersos, respecto a esta asignación total de los lugares. Todo está asignado hoy. Leopardi, en cambio, es el poeta que dice de las palabras que no están asignadas a ningún lugar, ni aún a la escuela –no se puede enseñar Leopardi en la escuela. Esta es la primera cosa que hay que decir. (No sé si sea posible, pero no creo en la literatura como tal, que tenga un sentido como lo tienen los relojes. Si un reloj no me dijera que hora es, sus agujas serían sólo decorativas. Y lo mismo pasa con la literatura. La literatura vale la pena porque hay algo más, este trasfondo contra el que se encuentra.

Dice Leopardi:

El más sólido placer de esta vida es el placer vano de las ilusiones… Considero las ilusiones como una cosa en cierto modo real, estante; ingredientes esenciales del sistema de la naturaleza humana, y dadas por la naturaleza a todos y cada uno de los hombres, de manera que no es lícito despreciarlas como sueños de uno solo, sino verdaderamente propias del hombre y queridas por la naturaleza, y sin las cuales nuestra vida sería la cosa más mísera y bárbara. Por lo cual son necesarias y entran sustancialmente en el compuesto y orden de las cosas. (Zibaldone, 51).

Este es el punto de partida más revolucionario –si queremos usar esta palabra- de la filosofía leopardiana. Una cosa sin precedentes: el reconocer este hecho, pero no de manera crítica, no para condenar las ilusiones. Todos estos llamados a la “concreción” por parte de los políticos dan risa verdaderamente.

Segunda cosa: nuestra nulidad, el hecho de que como individuos seamos nada, estemos aquí de paso, que estemos aquí, que tengamos el puesto de la nada:

Todo es nada para el mundo, aún mi desesperación, a la que cada hombre, aún sabio, pero más tranquilo, y yo mismo ciertamente en hora más serena reconoceré, la vanidad, la irracionalidad y lo imaginario. Pobre de mí, es vano, es nada aún este dolor mío, que en un cierto tiempo pasará y se anulará, dejándome en un vacío universal, en una indolencia terrible, que me hará incapaz aun de dolerme. 
(Zibaldone, 72). 

Aquello frente a lo que continuamente nos pone Leopardi es que toda la energía espiritual -llámenla como quieran- depende de una instancia del deseo, del deseo de felicidad, que no es la felicidad del consumo, la felicidad del tener; el deseo de felicidad es el estado de carencia, de nuestra carencia, es lo que nos vuelve activos, vigorosos, arrojados de nuevo hacia la vida.

Aquello que Leopardi ha comprendido es que este mundo cancela continuamente el privilegio de ser en un estado de carencia: el deseo carnal –llamémoslo así- es un deseo que deriva de un estado de carencia, pero esta es una carencia que no se colmará jamás, y es justamente por eso que es un deseo infinito: el deseo carnal como carencia es en esencia la sensación de que nos falta la vida, que la vida escapa en todas direcciones, que no es posible detenerla. Contra una sociedad que busca siempre enseñarnos que se puede dar una compensación a esta carencia, de manera que el hombre se reduzca a estar satisfecho de sí mismo, Leopardi nos lleva de vuelta a un tipo de pensamiento donde no hay ninguna valoración positiva para el hombre llamado satisfecho, pero en el que el gran acicate de todo aquello que podríamos hacer es nuestra carencia, quiero decir nuestra pobreza, nuestro dolor. En ese sentido, Leopardi es un pensador que en este momento es esencial para seguir adelante día con día.

l'Unità, 28 marzo 2004.
(versión G.M.)


Original italiano:



Leopardi e il desiderio infinito 

Ecco perché dobbiamo leggere Leopardi 

La prima cosa che vorrei cercare di fare è suggerire di ascoltare i frammenti dello Zibaldone di Leopardi sullo sfondo di tutte queste frasi fatte che ci inducono giorno per giorno a essere sempre più ottimisti verso l'avvenire, verso il progresso, quello che possono fare i politici per noi, ottimisti sulla scuola - tutto quell'ottimismo che quel tale lì per mezz'ora stilò come programma del suo partito. Questo è uno sfondo inevitabile. Non credo che si possa leggere Leopardi al giorno d'oggi senza pensare a questo sfondo, cioè lo sfondo di parole che ci vengono addosso e che sono parole pubblicitarie. La pubblicità ormai non ha più limite, la pubblicità - come posso dire - ha sostituito l'animo umano. La gente al giorno d'oggi crede che la letteratura, parlare o fare letteratura sia fare pubblicità a qualcosa. La letteratura è muta, non fa pubblicità a niente, non serve a niente, la letteratura ci riafferma questo niente che siamo. E solo perché siamo un niente noi abbiamo bisogno di stare assieme. Non c'è idea di comunità possibile se non a partire dal fatto che siamo un niente, ciascuno di noi è un niente. Ecco, tutto questo lo sfondo pubblicitario non solo lo cancella, deve cancellarlo subito - come un tabù assoluto -, ma estende anche un clima di terrore, un terrore totalitario: chi non è d'accordo con questo consenso degli uomini che vogliono essere qualcosa, qualcuno, sostanzialmente essere ricchi, avere del potere nelle mani, questa democratizzazione del potere tirannico nelle mani degli uomini - chi non è d'accordo con questo è eliminato, al giorno d'oggi non trova lavoro, non ha un luogo dove stare. Questo è lo sfondo concreto, che voi potete vedere tutti i giorni, il fatto che si debba diventare imprenditori di noi stessi per far pubblicità a noi stessi, tutti i momenti, altrimenti non c'è spazio per noi. 

Tutto Leopardi va letto non contro, ma su questo sfondo, per dire questo: Leopardi è ancora un nostro compagno di strada perché è un alieno rispetto a questo tipo di sfondo in cui siamo immersi, rispetto a questa assegnazione totale dei luoghi. Tutto è assegnato oggi. Leopardi, invece, è il poeta che dice delle parole che non sono assegnate a nessun luogo, neanche a scuola - non si può insegnare Leopardi a scuola. Questa è la prima cosa da dire. (Non so se sia possibile, ma io non credo alla letteratura come tale, che ha un senso come lo hanno gli orologi. Se un orologio non mi dicesse che ore sono, le sue lancette sarebbero solo decorative. E lo stesso la letteratura. La letteratura vale perché c'è qualcos'altro, questo sfondo contro cui ci si trova). 

Dice Leopardi: 

Il più solido piacere di questa vita è il piacer vano delle illusioni… Io considero le illusioni come una cosa in certo modo reale stante ch'elle sono ingredienti essenziali del sistema della natura umana, e date dalla natura a tutti quanti gli uomini, in maniera che non è lecito spregiarle come sogni di un solo, ma propri veramente dell'uomo e voluti dalla natura, e senza cui la vita nostra sarebbe la più misera e barbara cosa ec. Onde sono necessari ed entrano sostanzialmente nel composto ed ordine delle cose 
( Zibaldone, 51). 

Questo è il punto di partenza più rivoluzionario - se vogliamo usare questa parola - della filosofia leopardiana. Una cosa senza precedenti: il riconoscere questo fatto, ma non in maniera critica, non per condannare le illusioni. Tutti questi richiami alla «concretezza» da parte dei politici fanno veramente ridere. 
Seconda cosa: la nostra nullità, il fatto che come individui siamo niente, siamo qui di passaggio, siamo qui che teniamo il posto del nulla: 

Tutto è nulla al mondo, anche la mia disperazione, della quale ogni uomo anche savio, ma più tranquillo, ed io stesso certamente in un'ora più quieta conoscerò, la vanità e l'irragionevolezza e l'immaginario. Misero me, è vano, è un nulla anche questo mio dolore, che in un certo tempo passerà e s'annullerà, lasciandomi in un voto universale, in un'indolenza terribile che mi farà incapace anche di dolermi (Zibaldone, 72). 

Quello a cui Leopardi ci mette davanti continuamente è che tutta l'energia spirituale - o chiamatela come volete - dipende da un'istanza del desiderio, del desiderio di felicità, che non è la felicità dei consumi, la felicità dell'avere, il desiderio di felicità è lo stato di mancanza, della nostra mancanza, è questo che ci rende attivi, vigorosi, lanciati ancora verso la vita. 

Quello che Leopardi ha capito è che questo mondo cancella continuamente il privilegio di essere in uno stato di mancanza: il desiderio carnale - chiamiamolo così - è un desiderio che deriva da uno stato di mancanza, ma questa è una mancanza che non si colmerà mai, ed è proprio per questo che è un desiderio infinito: il desiderio carnale come mancanza è in sostanza il senso che ci manca la vita, che la vita scappa via da tutte le parti, che la vita non è bloccabile. Contro una società che cerca sempre di insegnarci che a questa mancanza si può dare un compenso in modo che l'uomo si riduca ad essere soddisfatto di se stesso, Leopardi ci riporta in un tipo di pensiero dove non c'è più nessuna valutazione positiva per l'uomo cosiddetto soddisfatto, ma dove il grande attizzatoio di tutto quello che possiamo fare è la nostra mancanza, voglio dire la nostra povertà, il nostro dolore. In questo senso, Leopardi è un pensatore che in questo momento è essenziale per andare avanti di giorno in giorno. 

 l'Unità, 28 marzo 2004.

(http://www.doppiozero.com/materiali/lettura/leopardi-e-il-desiderio-infinito)



martes, 12 de septiembre de 2017

Vincenzo Cardarelli





Naturaleza

Por ti resurgen las rancias imágenes.
Tu joven cabeza rizada es como la manzana del tirso-
cuerpo enastado, festivo, trágico.
No conoces el amplio arco impetuoso de tu sonrisa:
¡cómo fulgura, cómo se dilata tu impulso rápido!
Yo soy tu mártir y tu testigo.
A veces tu presencia me toca como una inmersión
   imprevista en la primavera.
Eres el encanto de las mañanas que no volverán.
¡Estupefactas y extraordinarias mañanas, de no saber
   nuestra irrisoriedad como entrarnos!
Ritmo, virginidad, perfección.

(Poesie, Oscar Mondadori, 1936)


(Versión G.M.)




Original Italiano:

Natura

Per te risorgono le viete immagini.
La tua giovane testa ricciuta è come il pomo del tirso -
corpo inastato, festivo, tragico.
Tu non conosci l’ampio arco impetuoso del tuo sorriso:
come sfolgori, come si dilati una tua mossa rapida!
Io sono il tuo martire e il tuo testimone.
Talvolta la tua presenza mi tocca come un’immersione
   improvvisa nella primavera.
Tu sei l’incanto delle mattine che non torneranno.
Stupefatte e straordinarie mattine, da non sapere la
   nostra irrisorietà come entrarci!
Ritmo, verginità, perfezione.

(Poesie, Oscar Mondadori, 1936)



Biografía breve:

El nombre verdadero de Vincenzo Cardarelli era Nazareno Caldarelli (Tarquinia-Viterbo, 1887-Roma, 1959). En la ciudad etrusca de su nacimiento se le recuerda con un monolito en donde está cincelado el poema «A mi tierra»: «Tierra mía natal / perdida para siempre. / Paraíso en que viví / feliz y sin pecado, / y me fueron amigas / las culebras del heno / más que luego los hombres. / [...] ¡Tan lejos estás, tan lejana! / A cambio de volver y de anularme en ti / hasta la muerte me sería grata» (de Poesías; traducción de Ángel Crespo). Nació en el seno de una familia muy modesta y su padre se ocupaba del bar de la estación del tren. Era hijo ilegítimo, fue abandonado por la madre y tenía una minusvalía en el brazo izquierdo. Toda su formación fue autodidacta. Se marchó a Roma muy joven y desempeñó allí los más diversos oficios: botones, amanuense en un bufete, contable, corrector de pruebas del periódico Avanti, en donde luego trabajó como periodista, su verdadera profesión, y ejerció la crítica teatral más tarde. En 1911 se marchó a vivir a Florencia. Colabora entonces en revistas como La Voce, Marzocco y Lirica. Es uno de los fundadores de la publicación romana LaRonda (1919), de la que luego será director junto con Baldini, Bacchelli, Cecchi, Montano y Saffi, lanzando la consigna de la restauración neoclásica. En 1949, después de terminada la segunda guerra mundial, es nombrado director de la Fiera Letteraria. A pesar de la relativa fama poética que disfrutó en los últimos años de su vida, vivió aislado y pobre. 
(César Antonio Molina, al publicarse El tiempo tras nosotros, Pre-Textos, 2017- http://www.revistadelibros.com/articulos/vincenzo-cardarelli-vida-y-obra.)



Bibliografía:

Prologhi, Milano, 1916; Viaggi nel tempo, Firenze, 1920; Terra genitrice, con un disegno di C. E. Oppo; Roma,La Terza Pagina,1924. Favole e memorie, Milano, 1925;
II sole a picco(con ventidue disegni di Giorgio Morandi) Bologna,L'Italiano Editore in Bologna, 1929; Premio Bagutta 1929; Prologhi viaggi, favole, Lanciano, 1929; Giorni in piena, Roma, 1934; Il cielo sulle città, 1939; Poesie, Roma, 1936 ristampa accresciuta, Roma, 1942; Rimorsi, Roma, 1944; Lettere non spedite, Roma, 1946; Poesie nuove, Venezia, 1946; Solitario in Arcadia, Milano, 1947; Villa Tarantola, Milano, 1948, Premio Strega; Poesie, Milano, 1949; Invettiva ed altre poesie disperse, Milano, 1964; Autunno, sei vecchio, rassegnati, a cura di C. Martìgnoni, Lecce, 1988; Opere complete, a cura di G. Raimondi, Milano, 1962; Opere, a cura di C. Martignoni, Milano, 1981. Gabbiani, a cura Mondadori, Milano, 1998 y Estate, a cura di Alice, 2008.



martes, 5 de septiembre de 2017

Elsa Morante






La comedia química 


9

  Y así me vuelvo chica. Reconozco
la boca saliente y el color huraño
los ojos aun mojados de barro celeste
la imposibilidad de llorar
el tierno puño animal que no deja la presa
la alegría del pecho desnudo bajo el delantal de la escuela
el muslo incontaminado por el fuego de julio
el vientre incestuoso e infantil.
Para la ambigua visitación
el cuerpo de amor está listo.

  Y la oración de la espera será lavada
silabeada en las procesiones suburbanas.
La bárbara plaga virginal mezclará sus artífices
con las infecciones del barrio humillado
Lloraba siempre que dormía sola ...
Las mandolinas
serán masacradas en el grand-guignol trivial
de las revoluciones, las hierbas asesinas y el hambre,
cuando una medianoche, entre adorables blasfemias,
la estrella en forma de cometa se desprenderá
del carro de Bootes.


  ¡Oh adolescentes, bufones de Dios!
Incluso las galas piratescas de la prostitución
serán el domingo pueriles.


(Versión G.M.)

Original italiano:

9

  E cosí torno ragazza. Riconosco
la bocca protesa e il colore scontroso
gli occhi ancora bagnati di fango celeste
l’impossibilità di piangere
il tenero pugno animalesco che non lascia la presa
l’allegria del petto nudo sotto il grembiule di scuola
la coscia incontaminata dal fuoco di luglio
il ventre incestuoso e infantile.
Per l’ambigua visitazione
il corpo d’amore è pronto.

  E si laverà la preghiera dell’aspettazione
sillabata nelle processioni suburbane.
La barbara piaga virgínea mischierà le sue fabbri
con le infezioni del quartiere umiliato
Chiagneva sempre ca durmeva sola…
I mandolini
saranno masacrati nel grand-guignol fanciullesco
delle rivoluzioni, delle erbe assassine e delle fami,
quando una mezzanotte, fra bestemmie adoranti,
la stella in forma d’aquilone si staccherà
dal carro di Boote.

  O adolescenti, buffoni di Dio!
Anche le gale piratesche della prostituzione
saranno domeniche puerili.

(De Il mondo salvato dai ragazzini, Einaudi, 1968.)









Cesare Zavattini

  Quiero enseñarles a los pobres un juego muy hermoso. Suban la escalera con paso de forasteros (esta vez regresen a casa más tarde de lo ac...