martes, 30 de mayo de 2017

Maria Grazia Calandrone




EL ORO

eterno, inalterable, homogéneo, fácilmente transportable. un metal de transición suave, pesado, dúctil. el oro es el elemento químico número 79. es maleable de color amarillo. su color se debe a la absorción de longitudes de onda del azul de la luz incidente. el oro es casi completamente inatacable. en estado puro es incorruptible. reacciona sólo con agua regia e ion cianuro. en su estado natural se encuentra, en forma de pepitas, granos y escamillas, en el interior de las rocas, al fondo de los depósitos aluviales y en el fondo de tus ojos enamorados.



de Giardino della gioia, inédito.

(Versión de G.M.)


Original italiano:


L'ORO 

eterno, inalterabile, omogeneo, facilmente trasportabile. un metallo di transizione tenero, pesante, duttile. l’oro è l’elemento chimico di numero atomico 79. è un malleabile di colore giallo. il suo colore è dovuto all’assorbimento delle lunghezze d’onda del blu dalla luce incidente. l’oro è quasi del tutto inattaccabile. allo stato puro, è incorruttibile. reagisce solo con acqua regia e ione cianuro. nel suo stato nativo si rinviene, sotto forma di pepite, grani e pagliuzze, all’interno delle rocce, al fondo dei depositi alluvionali e al fondo dei tuoi occhi innamorati.






Biografía:

Maria Grazia Calandrone (Milan, 15 de octubre de1964) poeta, escritora, dramaturga  y artista visual.
Vive en Roma desde 2010.
Conduce varios programas en Radio 3, escribe una columna en  el Corriere della Sera, 
Realiza una importante actividad social en escuelas, con enfermos de alzheimer, ciegos, en cárceles y centros de día. Escribir poesía es para ella una acción política, una de las formas de la solidaridad.

Bibliografía:

Poesía:

Pietra di paragone (Tracce, 1998), La scimmia randagia (Crocetti, 2003), Come per mezzo di una briglia ardente (Atelier, 2005), La macchina responsabile (Crocetti, 2007), Sulla bocca di tutti (Crocetti, 2010), Atto di vita nascente (Lietocolle Graal, 2010), La vita chiara (transeuropa, 2011), Serie fossile (Crocetti, 2015), Gli Scomparsi – storie da “Chi l’ha visto?” (Gialla Oro pordenonelegge, 2016) y Giardino della gioia (inédito).

Prosa:

L'infinito mélo (sossella, 2011).


viernes, 12 de mayo de 2017

Raffaele Carrieri



ESPERA DE NADA

La luz no se me ha hecho compañera
sobre la tierra ni hermana el agua.
El afable agua pluvial
que materna adormece
al viejo recaudador
y a la joven rana.
Habría querido cerrar el cielo
como una simple puerta
para quedarme un día
acurrucado en la hierba
en espera de nada.


ME DUELE


Sigo a mi pipa
Como un ciego sigue
a otro ciego.
Cielo no hay esta noche,
no hay ni siquiera
un poco de cielo
sobre el que andar.
Me duele la pipa, esta noche.


FLOR DE ESPINA


Abandono el festín
la taza el tambor
y vuelvo a la flor de espina.
La manera de matar de ustedes
de cantar y hacer el amor
no me pertenece.

(versión de G.M.)


Original italiano:

ATTESA DI NIENTE
La luce non mi è stata compagna
sulla terra né l’acqua sorella.
L’affabile acqua piovana
che materna addormenta
il vecchio gabelliere
e la giovane rana.
Avrei voluto chiudere il cielo
come una semplice porta
per restare una giornata
acquattato sull’erba
in attesa di niente.


MI DUOLE

Seguo la mia pipa
Come un cieco segue
Un altro cieco.
Cielo non v’è stasera,
non c’è neanche
un poco di cielo
su cui andare.
Mi duole la pipa, stasera.


FIORE DI SPINA

Abbandono il festino
la tazza il tamburo
e torno al fiore di spina.
Il vostro modo di uccidere
di cantare e fare all’amore
non mi appartiene.


de Poesie scelte; Mondadori,1976
.

Biografía:

Raffaele Carrieri (Taranto, 23 febrero 1905 – Pietrasanta, 1984)
A los catorce años abandonó su ciudad natal y viajó a Albania, Montenegro y otros países de los Balcanes, donde vivió de pequeños trabajos. Todavía muy joven participó en la Impresa di Fiume organizada por Gabriele D'Annunzio, durante la cual fue herido. Pasó su convalecencia en Taranto, y luego se embarcó como marinero a bordo de buques mercantes, teniendo así oportunidad de conocer una serie de puertos en el Mediterráneo, europeos y norafricanos.

De vuelta en Italia fue recaudador de impuestos en Palermo. A partir de esta experiencia tomará vida su primer colección de poemas (Il lamento del Gabelliere,Milán,1945). En 1923 se trasladó a París, donde se las arregló para estar en contacto con importantes intelectuales de vanguardia. En 1930, fortalecido por los conocimientos acumulados en Francia, se trasladó a Milán y comenzó a trabajar como crítico de arte para varios periódicos, entre ellos Il Corriere della Sera.

Esta será una actividad que llevará a cabo toda la vida. Escribe monografías dedicadas a grandes artistas contemporáneos: Modigliani, Picasso, Cendrars, Campigli, Fiume, Guttuso, Cantatore y poetas e intelectuales, incluyendo al exiliado armenio Hrand Nazariantz. Después de la guerra publica una serie de colecciones de poemas que le valdrá reconocimiento crítico y premios como el Viareggio por el libro "Il Trovatore" (Mondadori). Murió en 1984 en Pietrasanta donde se había retirado hacía algunos años.


Obras:

Lamento del gabelliere (1945), Souvenir caporal (1946), La civetta (1949), Il trovatore (1953), Calepino di Parigi (1954), Canzoniere amoroso (1958), La giornata è finita (1963), Io che sono cicala (1967), La formica Maria (1967), Stellacuore (1970), Le ombre dispettose (1974), Il venditore di ventagli (1975), Mélusine a cura di Aglauco Casadio. Ed. Della Cometa, Roma (1989).









domingo, 7 de mayo de 2017

Elsa Morante



Madrigal en forma de gato

La rosa es la forma de las beatitudes.
Beata la angustia en forma de rosa.
Beato el desorden y la libídine sangrienta
la desvergonzada pasión de sí los excesos de velocidad y
las orgías fúnebres
el negro rechazo del casamiento las banderas de la ultranza
las corazas de la ignorancia
los varios equívocos del egoísmo los enmascaramientos de

los andrajos
las caridades como pretextos las inmundicias deificadas
los prejuicios de casta la coartada historicista
las complicidades actuales, la adoración de los padres                                                                         fariseos, el
miedo a la castración
la cándida traición el llanto fanfarrón [1]
la cuerda sentimental y la espada de la razón
beatas las secreciones las vísceras de la literatura el oratorio
la mistificación
cuando finalmente se abren en forma de rosa!
el muchacho que se cree protagonista del mundo
protagonista aún si bandido, y más aún si bandido….
será siempre beato en el centro de la rosa.
Y él beato ignorará a los otros pecadores excluidos de la                                                                      rosa
y excluidos de sí mismos
no protagonistas del mundo
no leyenda de sí mismos
solos sin ningún adiós. Agonía sin ningún llanto
y ninguna rosa
el gato que no revienta.[2]

(Versión de G.M.)




Original Italiano:


Madrigale in forma di gatto 


La rosa è la forma delle beatitudini.
Beata l’angoscia in forma di rosa.
Beato il disordine e la libidine sanguinosa
la passione di sé invereconda gli eccessi di velocità e
le orge funebri
il nero rifiuto dello sposalizio le bandiere dell’oltranza
le corazze dell’ignoranza
i vari equivoci dell’egoismo le mascherate degli stracci
le carità pretestuose le immondizie deificate
i pregiudizi di casta l’alibi storicistico
le complicità attuali, l’adorazione ai padri farisei, la
paura della castrazione
il candido tradimento il pianto vantone
la corda sentimentale e la spada della ragione
beate le secrezioni i visceri della letteratura l’oratorio
la mistificazione
quando finalmente s’aprono in forma di rosa!
Il ragazzo che si intende protagonista del mondo
protagonista anche se bandito, anzi di più perché bandito…
starà sempre beato al centro della rosa.
E lui beato ignorerà gli altri peccatori al bando della rosa
e al bando di se stessi
non protagonisti del mondo
non leggenda di se stessi
soli senza nessun addio. Agonie senza nessun pianto
e nessuna rosa
Il gatto che non crepa.


[1] Il vantone (Lo spaccone): el jactancioso, el fantafarrón, es una obra de teatro de Pasolini, 1963.
[2] Después de leer Poesia in forma di rosa, de Pasolini, en 1964, Elsa Morante le envía a su amigo este texto “bromista” en el que lo acusa de hipocresía, falso amor al proletariado, mala fe ideológica, narcisismo etc.




Biografía:
Elsa Morante (Roma, 18 de agosto de 1912 - Roma, 25 de noviembre de 1985).
Su infancia transcurrió en el barrio popular del Testaccio. Hija ilegítima de una maestra judía (Irma Poggibonsi) y de un empleado de correos (Francesco Lo Monaco), fue reconocida como propia por Augusto Morante, vigilante en un instituto correccional de jóvenes. Comenzó muy joven a escribir cuentos y fábulas para niños, poesías y cuentos breves que fueron publicándose a partir de 1933 y hasta principios de la Segunda Guerra Mundial en varias revistas, entre otras en Il Corriere dei Piccoli, Il Meridiano di Roma, I Diritti della Scuola y Oggi.
En 1941 se casa con Alberto Moravia.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, para huir de las represalias nazis, abandonó con su marido la Roma ocupada y se refugiaron en Fondi, un pueblo cercano a Cassino. Esta zona de la Italia meridional aparecerá a partir de ahora de forma frecuente en la obra narrativa de ambos escritores: en el caso de Elsa Morante, especialmente en su novela La Storia. Durante este periodo empezó a traducir al italiano el diario de Katherine Mansfield y sus obras posteriores reflejarán la influencia de Mansfield.
Se separó de Moravia en 1961.
La voz de E.M. es reconocible desde las primeras palabras de cualquiera de sus textos. Corriendo el riesgo de transformarse en la sombra de su marido, Morante es quien se alza con una envergadura que tiene pocos antecedentes en la literatura italiana. Giorgio Agamben, ha escrito textos bellísimos sobre su admirada amiga.


Bibliografía:

Il gioco segreto (1941),Le bellissime avventure di Caterì Dalla Trecciolina (1942), Menzogna e sortilegio (1948), L'isola di Arturo (1957), Alibi, poesía (1958), Lo scialle andaluso (1963), Il mondo salvato dai ragazzini (1968), La Storia (1974), Aracoeli (1982), premio Médicis de novela extranjera, Pro o contro la bomba atomica e altri scritti ,ensayos (1987), Diario 1938, 1989, Opere, 1988-1990. Racconti dimenticati (2002), Piccolo Manifesto dei Communisti (senza classe né partito) (2004).


miércoles, 3 de mayo de 2017

Luigi Pulci



Profesión de fe de Margutte


LLegando Morgante un día a un cruce de caminos,
salido de un valle en un gran bosque,
vio venir de lejos, por el rabillo del ojo,
a un hombre que por el rostro parecía todo triste.
Dio con la cabeza del badajo un golpe
en tierra, y dijo: “A este no lo conozco”;
y procedió a sentarse sobre una piedra,
hasta que este llegó a donde estaba.

Morgante miró sus miembros con desconfianza
muchas muchas veces de la cabeza a los pies,
porque le parecían extraños, hórridos y feos;
-Dime tu nombre,-dijo- viandante.-
Aquel respondió:-Mi nombre es Margutte;
y tuve ganas también yo de ser gigante,
después a la mitad me arrepentí:
fíjate que de hecho mido sólo cuatro metros.-

Dijo Morgante:-Seas bienvenido:
hé aquí que tendré no obstante un frasquito al lado,
que de dos días a esta parte no he bebido;
y si vienes conmigo,
te trataré en el camino como es debido.
Dime otra cosa: no te he preguntado
si eres cristiano o sarraceno,
o si crees Apolo o Cristo.-

Respondió entonces Margutte:-Para hacértela corta,
no creo más en el negro que en azul,
creo en el capón, asado o hervido;
y creo alguna vez aún en la manteca,
en la cerveza, y cuando no la tengo, en el mosto,
y mucho más en el aspro que en el mangurro (1);
pero sobre todo tengo fe en el buen vino,
y creo que quien lo crea serán salvado.

y creo en la torta y el buñuelo:
una es la madre y el otro su hijuelo;
y el verdadero padrenuestro es el hígado asado,
y pueden ser tres, dos o uno solo,
y deriva del hígado eso al menos.
Y porque yo quiero beber con un barreño(2),
si Mahoma el mosto prohíbe y censura,
creo que ha de ser un fantasma o un sueño ;

Apollín debe ser el delirio,
y Trivigante el aquelarre.
La fe es como las cosquillas (3):
por discreción espero que entiendas.
Ahora podrías decir que soy un hereje:
a fin de no gastar palabras vanas,
verás que mi estirpe no se desvía
y no soy terreno cultivable.

Esta fe es como el hombre se la procura.
¿Quieres ver qué fe es la mía?,
que nacido soy en Bursa, allá en Turquía
de un ortodoxo y una monja griega.
Y al principio me gustaba
tocar el rabel, porque había fantasía
en cantar de Troya y de Héctor y de Aquiles,
no ya una vez, sino miles y miles.

Luego que dejó de gustarme tocar la guitarra,
comencé a llevar el arco y el carcaj.
Un día tuve una riña en la mezquita,
y maté a mi viejo padre,
me puse en la cintura esta cimitarra
y comencé a pasear por el mundo;
y por compañeros me traje conmigo
todos los pecados griegos y turcos.

de hecho cuantos contiene el infierno:
tengo setenta y siete de los mortales,
que no me dejan jamás ni en verano ni en invierno;
¡piensa cuántos no tendré de los venales!
No creo, si durase eternamente el mundo,
que se pudieran cometer tantos males
cuantos he cometido yo solo en una vida;
y en orden alfabético los recuerdo.

Il Morgante, canto XVIII, octavas 134-142


(Versión de G.M.)





Original Italiano:


Professione di fede di Margutte


134
Giunto Morgante un dì in su ’n un crocicchio,
uscito d’una valle in un gran bosco,
vide venir di lungi, per ispicchio,
un uom che in volto parea tutto fosco.
Dètte del capo del battaglio un picchio
in terra, e disse: «Costui non conosco»;
e posesi a sedere in su ’n un sasso,
tanto che questo capitòe al passo.

135
Morgante guata le sue membra tutte
più e più volte dal capo alle piante,
che gli pareano strane, orride e brutte:
- Dimmi il tuo nome, - dicea - vïandante. -
Colui rispose: - Il mio nome è Margutte;
ed ebbi voglia anco io d’esser gigante,
poi mi penti’ quando al mezzo fu’ giunto:
vedi che sette braccia sono appunto. -

136
Disse Morgante: - Tu sia il ben venuto:
ecco ch’io arò pure un fiaschetto allato,
che da due giorni in qua non ho beuto;
e se con meco sarai accompagnato,
io ti farò a camin quel che è dovuto.
Dimmi più oltre: io non t’ho domandato
se se’ cristiano o se se’ saracino,
o se tu credi in Cristo o in Apollino. -

137
Rispose allor Margutte: - A dirtel tosto,
io non credo più al nero ch’a l’azzurro,
ma nel cappone, o lesso o vuogli arrosto;
e credo alcuna volta anco nel burro,
nella cervogia, e quando io n’ho, nel mosto,
e molto più nell’aspro che il mangurro;
ma sopra tutto nel buon vino ho fede,
e credo che sia salvo chi gli crede;

138
e credo nella torta e nel tortello:
l’uno è la madre e l’altro è il suo figliuolo;
e ’l vero paternostro è il fegatello,
e posson esser tre, due ed un solo,
e diriva dal fegato almen quello.
E perch’io vorrei ber con un ghiacciuolo,
se Macometto il mosto vieta e biasima,
credo che sia il sogno o la fantasima;

139
ed Apollin debbe essere il farnetico,
e Trivigante forse la tregenda.
La fede è fatta come fa il solletico:
per discrezion mi credo che tu intenda.
Or tu potresti dir ch’io fussi eretico:
acciò che invan parola non ci spenda,
vedrai che la mia schiatta non traligna
e ch’io non son terren da porvi vigna.

140
Questa fede è come l’uom se l’arreca.
Vuoi tu veder che fede sia la mia?,
che nato son d’una monaca greca
e d’un papasso in Bursia, là in Turchia.
E nel principio sonar la ribeca
mi dilettai, perch’avea fantasia
cantar di Troia e d’Ettore e d’Achille,
non una volta già, ma mille e mille.

141
Poi che m’increbbe il sonar la chitarra,
io cominciai a portar l’arco e ’l turcasso.
Un dì ch’io fe’ nella moschea poi sciarra,
e ch’io v’uccisi il mio vecchio papasso,
mi posi allato questa scimitarra
e cominciai pel mondo andare a spasso;
e per compagni ne menai con meco
tutti i peccati o di turco o di greco;

142
anzi quanti ne son giù nello inferno:
io n’ho settanta e sette de’ mortali,
che non mi lascian mai lo state o ’l verno;
pensa quanti io n’ho poi de’ venïali!
Non credo, se durassi il mondo etterno,
si potessi commetter tanti mali
quanti ho commessi io solo alla mia vita;
ed ho per alfabeto ogni partita.


(1) Aspro es una moneda de más valor que el mangurro, por eso Margutte la prefiere.
(2) Un ghiacciuolo es una especie de barreño de madera para meter el hielo.
(3) Isabel González arriesga en su Antología de la literatura italiana, Ariel, Barcelona, 1996, que el sentido de este verso podría ser: La fe es como las cosquillas, algunos las sienten otros no. 



Luigi Pulci (Florencia; 15 de agosto de 1432-Padua; 11 de noviembre de 1484), poeta italiano, de familia noble pero de pocas posibilidades económicas, no pudo tener una educación humanística. Gracias a que en 1461 empezó a frecuentar la casa de los Medici e hizo amistad con Lorenzo, pudo "pulirse" un poco.
Su obra maestra Il Morgante, primero de los cuatro grandes libros de la letteratura cavalleresca italiana (Orlando Innamorato de Boiardo (1483), Orlando Furioso de Ariosto (1532) y Gerusalemme liberata de Tasso (1581)) retoma en forma cómica (o paródica) los asuntos relatados en la Chanson de Roland del ciclio francés.

Morgante es un gigante que se convierte al cristianismo y acompaña a Orlando en su campaña. Es una idea generalizada entre los críticos que la verdadera creación de Pulci recae sobre el personaje original (único enteramente de su cosecha) Margutte. El credo, o profesión de fe que presentamos son sus octavas más clásicas, seguidas por aquellas de las comilonas que recuerdan los gargantuescos escenarios de Rabelais.



lunes, 1 de mayo de 2017

Alda Merini



La cigarra

Y yo soy la cigarra, pequeña, regordeta, cantarina. Para la hormiga la cigarra es una pobre tonta. Ella sin embargo, a fuerza de trabajar, ha reducido su cerebro a ruedita de un gran engranaje, pero se le escapa la idea de Dios, que yo en cambio cultivo en mi corazón. A dios y a lo creado canto mis cancioncitas veraniegas, y aún si después tirito de frío en invierno, ¿qué importa? Lo que cuenta para mí es vivir el momento que pasa, y ser investida de luz en el aire del mediodía, a mí me importa esto, de mi muerte corporal en cambio bien poco. Y cuando en invierno voy a golpear la puerta de la hormiga me veo echada fuera entre insultos. Pobre tonta, cree tener supremacía porque está al calorcito con todos los víveres dentro de la casa, pobre miserable…Pero si me quedo seca tendré una sepultura digna, bajo la nieve, porque el pensamiento se ha liberado y yo, por qué no, creo en el más allá de los insectos.

(Versión de G.M.)






Original italiano:

La cicala


E io sono la cicala, piccola, grassottella, canterina. Per la formica la cicala è una povera sciocca. Lei però, a furia di lavorare, si è ridotta il cervello come la rotellina di un grosso ingranaggio, ma le sfugge totalmente l'idea di Dio, che io invece coltivo nel mio cuore. A Dio e al creato io canto le mie canzoncine estive, e anche se poi rabbrividisco di freddo nell'inverno, che importa? La cosa che conta per me è vivere il momento che passa, è essere circonfusi di luce nell'aria del meriggio, a me importa questo, della mia morte corporale invece ben poco. E quando d'inverno vado a bussare alla porta della formica mi vedo cacciata fuori a vituperi. Povera sciocca, crede di avere la supremazia perché sta al calduccio con tutti i viveri dentro la casa, povera micragnosa... Ma io se muoio stecchita avrò una sepoltura degna, sotto la neve, perché il pensiero mi è rimasto libero e io, perché no, credo nell'al di là degli insetti.

De Il ladro Giuseppe, raconti dagli anni sessenta, libri Scheiwiller, Milano 1999.
Reproducido en Il suono dell'ombra, Poesie e prose 1953 - 2009, Mondadori, 2010, pag. 950.





Para más información: http://italianoalabartola.blogspot.com.ar/2017/04/alda-merini-aforismos.html

sábado, 29 de abril de 2017

Edoardo Firpo



 Lámpara

Oscuro y cerrado de la noche sin estrellas
y quieto como un lago de betún
el mar parece que duerme.
No corre un hilo de viento.

A lo ancho escondida en el silencio
una luz
se refleja lenta.

Viene sobre el agua oscura lentamente
casi sin remar,
un hombre dentro de una gran luz
que parece salir del mar.

Sobre el arco de las piernas bien plantado
desgarrando la noche con su gran fanal
parece que venga dela ciénaga eterna.

Deja los remos y se arma de una fisga
larga y afilada
después mueve sobre el agua la linterna
y está inclinado sobre el borde de la proa.

Veo su sombra sumergir con ímpetu
la fisga en las aguas verdes y profundas.

Cuando la retira lleva sobre las olas
un monstruo blanco que se contorsiona
como una maraña de culebras furibundas.

(de “o grillo cantadó e altre poesie”, Einaudi, 1974)
(Versión G.M.)


Original genovés :


Lampara
Scùo e serrou da-a neutte sensa stelle
e fermo come um lago de bitumme
o mâ se diæ ch’o dorme.
No passa un fï de vento.

A-o largo ascoso in to silensio
um lume
o se riflette lento.

Vegne pe l’ægua scùa lentamente,
quæxi sensa remmâ,
um ommo tutto drento a ‘na gran luxe
ch’a pâ sciortï da-o mâ.

In sce l’arco de gambe bem ciantòu,
squarciando a neutte cö sò gran fanâ,
pâ ch’o ne vegne da-a palude eterna.

O lascia e remme e o s’arma d’um forcon
lungo e affiòu,
poi o gïa in sce l’ægua a sò lanterna
e in sce l’orlo da proa o esta chinòu.

Veddo a sò ombra manda zú d’asbrïo
a fúscina in te ægue verdi e fonde.

Quand’o-a retïa o porta sciú da-e onde
um mostro gianco ch’o se stroscia tutto
comme um groppo de bisce furibonde.


Versión en italiano de Guido Sechi:


Lampara

Scuro e chiuso dalla notte senza stelle
e fermo come un lago di bitume
il mare pare che dorma.
Non passa um filo di vento.

Al largo nascosto nel silenzio
un lume
si riflette lento.

Viene sull’acqua scura lentamente,
quasi senza remare,
um uomo dentro una gran luce
che sembra uscire del mare.

Sull’arco delle gambe ben piantato,
squarciando la notte col suo gran fanale
sembra che venga dalla palude eterna.

Lascia i remi e si arma di una fiocina
lunga e affilata
poi gira sull’acqua la lanterna
e sta chinato sull’orlo della prua.

Vedo la sua ombra immergere d’impeto
la fiocina nelle acque verdi e fonde.

Quando la ritira porta su  dalle onde
un mostro bianco che si divincola

come un groviglio di bisce furibonde.




Algunos datos biográficos:

Edoardo Firpo (Génova, 20 de abril de 1889 – Génova, 10 de febrero de 1957) fue un poeta en lengua genovesa. Trabajó como afinador de pianos; Fue pintor. Persona reservada de vida siempre humilde. Firme opositor al fascismo.
Fue detenido en marzo de 1945 por tropas alemanas y deportado. Luego de su liberación escribió un diario donde cuenta la penosa experiencia.

Según la introducción que escribió Eugenio Montale para la edición de “O fiore in to gotto”, Emiliano degli Orfini, Génova, 1935;  “el tono trágico está ausente en la poesía de Firpo. Sólo en la última compilación (1955) se percibe tonos oscuros en referencia a la angustia del hombre ante el misterio de los fenómenos naturales. En esos poemas se puede oír una sugestión pascoliana, donde el mar, con la rápida sucesión de olas, puede representar el contenido efímero de la vida.”

Bibliografía:

O grillo cantadö, All'insegna della Tarasca, Genova (1931) (con una tavola fuori testo di Luciano Lombardo), O fiore in to gotto, Emiliano degli Orfini, Genova (1935) con introduzione di Eugenio Montale, A vea scoverta de l'America, Genova, Libreria Internazionale Di Stefano (1946), Ciammo o martinpescòu, Edizioni Salvatore Sciascia, Caltanissetta (1955), O grillo cantadö e altre poesie, a c. di M.Boselli, E.Giuseppetti, Giovanni e Guido Sechi, trad. dal genovese di G.Sechi, Einaudi, Torino (1960), Çigae, edizioni Scheiwiller, Milano (1968) (Poesie inedite o rare raccolte da V.E.Petrucci e Cesare Viazzi), Bäsigo, I Libretti di Malaria, Pisa (1972) (con una tavola fuori testo di Luciano Lombardo), Tutta Zena ciù un caroggio, Il Melangolo, Genova (1977) (che raccoglie, tra le poesie uscite su l'Unità, quelle più politiche e locali),  Tutte le poesie, a cura di Bruno Cicchetti ed Eligio Imarisio, Edizioni San Marco dei Giustiniani, Genova (1978),  Diario, 2 voll., Consiglio Regionale della Liguria, Genova, s.d. (1979) (edizione integrale dei diari di Firpo dal 1918 al 1943 e di alcuni versi sparsi, a cura di Mario Boselli, Carlo Cormagi, Ettore Giuseppetti e Giovanni Sechi). Firpo racconta Genova, a cura di Michele Dolcino e Attilio Mangini, Edizioni Pirella, Genova (1981), Poesie e Diari, Co.Edit.A.L. - Cooperativa Editoriale delle Autonomie Locali, Genova (1982) (Audiolibro. Lina Volonghi, Sandro Bobbio ed Ettore Giuseppetti, leggono le poesie e brani di diario, con musiche di Musorgskij eseguite al pianoforte dal Maestro Tullio Macoggi), Edoardo Firpo doppo a vitta, immagini e liriche, a cura di G.Bruno, B. Cicchetti ed E. Imarisio, Ecig, Genova (1988).



jueves, 20 de abril de 2017

Cristina Campo




UNA ROSA

 Acusar de frivolidad a los fabulistas franceses porque adornaron con alguna pluma de avestruz sus hadas, significa “poseer la vista, no la percepción”. Justo lo que poseía, en cambio, una Madame d’Aulnoy, que supo recoger de la voz del pueblo los misterios más delicados y lo hizo sin darse cuenta, casi en sueños, como se recoge un trébol de cuatro hojas de un prado. (No así los hermanos Grimm que explorando metódicamente, hoja por hoja, el folclore, encontraron, sí, muchos incluso, pero entre una siega sofocante de hierbas sin magia).
  Madame d’Aulnoy compuso fábulas sublimes, El ramo de oro o La gata blanca, por ejemplo, de las cuales parece imposible alcanzar la cima o el fondo. Pero sería suficiente con el relato más familiar de Perrault (o de ese misterioso hijo suyo tempranamente desaparecido), quiero decir su relato más leído: Cenicienta. Dejando por ahora los símbolos, ya tan tristemente desflorados, de las malvadas hermanas y del zapatito de cristal (el verdadero zapatito, exquisitamente, era de piel de ardilla), como revelaciones en Cenicienta. Relámpagos que sólo en narradores semejantes, dulcemente distraídos como todos los videntes, podía llegar a entender.
  He ahí el preludio de la gran crisis, el baile en la corte: “Así como estaba, engalanada, salió en la carroza; pero la madrina le recomendó sobre toda otra cosa no pasarse de la medianoche, advirtiéndole che si se quedaba más tiempo en el baile su carroza volvería a ser una calabaza, y topos sus caballos, y lagartos sus lacayos, y que su bello vestido recuperaría su antigua forma”, el misterio del tiempo y la ley del milagro son indicados en estas pocas palabras con ligereza extrema y sin embargo con qué decisión. ¿A qué puede conducir la infracción de un límite si no al regreso trágico en el tiempo, al despertar, a la mañana sobre cenizas frías? Cenicienta roza, en la tercera y más gloriosa noche de baile, ese precipicio: y para evitarlo, huyendo enloquecida, no evita perder su zapatito de piel de ardilla, ni renunciar a la orla del gratuito, estático presente, del cuál una potencia la ha investido. Pero he aquí que será el mismo filo aquel, el zapatito de piel de ardilla, lo que volverá a conducirla al príncipe. Su pérdida voluntaria se volverá ganancia.
  “Quien arroja su vida la salva”. Madame Le Prince de Beaumont, en Belinda y el Monstruo, conduce el mismo tema hacia una zona aún más delicada y oculta. Como toda fábula perfecta, incluso esta, nos pone aparte  de la amorosa reeducación  de un alma –de una atención-  a fin de que la vista se eleve a percepción.  Percibir es reconocer solamente aquello que tiene valor, sólo aquello que existe verdaderamente. ¿Y qué otra cosa existe verdaderamente en este mundo sino aquello  que no es de este mundo? La amistad del Monstruo por Belinda es una larga, tierna, crudelísima lucha contra el terror, la superstición, el juicio según la carne, la vana nostalgia. No distinto de la demora de Cenicienta en el baile es el regreso de Belinda a casa, que por poco no le cuesta la vida al Monstruo.  Y, para una y otra muchacha, el riesgo de una recaída en el círculo mágico del pasado, que puede devastar, como  un hielo fuera de estación, aquello que ha esperado tanto tiempo para florecer: el presente. Es la ordalía de Belinda pero Belinda no lo sabe. De hecho, esencialmente, es la ordalía del Monstruo.
  ¿Cuándo es que el Monstruo se transforma en Príncipe? Cuando el portento se vuelve superfluo, cuando la metamorfosis se ha completado insensiblemente en Belinda: lavándola de toda añoranza adolescente, de toda herrumbre de fantasía, no dejando de ella sino la atenta alma desnuda (“no me parece más un Monstruo, y aún si lo fuera me casaría lo mismo porque es perfectamente bueno y no podría amar a otro que no fuera él”).
La metamorfosis del Monstruo es en realidad la de Belinda y es por tanto razonable que en este punto aún el Monstruo devenga Príncipe. Razonable por innecesario. Ahora que ya no hay dos ojos de carne para ver, la hermosura del Príncipe es pura añadidura, es la alegría sobreabundante prometida a quien buscó primero el reino de los cielos. “Al que tiene le será dado” asegura el versículo que tanto intriga a los fieles de la letra.
Para conducir a Belinda a tal triunfo, el Monstruo rozó  la desesperación y la muerte, trabajó con la terquedad de la locura perfecta, noche tras noche, apareciendo ante la muchacha recluida, resignada e impávida a la hora ceremonial: la hora de la cena, de la música. Encerrado en la égida del horror y del ridículo (“además de bruto desdichadamente soy incluso estúpido”) se arriesgó al odio y la execración de aquella a la que quería: descendió a los Infiernos y tuvo que hacerlo.

  No menos –y no menos locamente- hace Dios por nosotros: noche tras noche, día tras día. No conviene olvidar además que fue Belinda quién suscitó a su Príncipe, de lejos y sin saberlo. Fue cuando pidió a su padre que alcanzaba el estribo, en lugar de una joya o un vestido aparatoso, aquel loco regalo suyo: “una rosa, sólo una rosa”, en pleno invierno.

(de Gli imperdonabili, Adelphi, 1987)

Versión de G.M.


Original Italiano:

Una Rosa

  Accusare di frivolezza i favolisti francesi perché adornarono di qualche piuma di struzzo le loro fate, significa « possedere la vista, non la percezione ». Proprio quella possedeva invece una Madame d'Aulnoy, che seppe cogliere nelle voci del popolo i misteri più delicati e lo faceva quasi senza avvedersene, quasi in sogno, come si coglie un quadrifoglio in un prato. (Non così i fratelli Grimm che esplorando metodicamente, foglia per foglia, il folklore, ne trovarono, sì, molti anche loro, ma tra una messe soffocante di erbe senza magia).
  Madame d'Aulnoy compose fiabe sublimi, Il ramo d'oro o La gatta bianca, per esempio, delle quali sembra impossibile toccare il fondo o la cima. Ma basterebbe il racconto più familiare di Perrault (o di quel suo misterioso figlio presto sparito), intendo dire il suo racconto più letto: Cenerentola. Lasciando per ora i simboli, già così tristemente deflorati, delle cattive sorelle e dello scarpino di vetro (ma il vero scarpino, squisitamente, era di vaio), quali rivelazioni in Cenerentola. Lampi che soltanto a simili narratori, dolcemente svagati come tutti i veggenti, poteva capitare di cogliere.
   Ecco il preludio della grande crisi, il ballo a corte: « Come fu così agghindata, ella salì in carrozza; ma la madrina le raccomandò sopra ogni cosa di non passar mezzanotte, avvertendola che se restasse più lungamente al ballo la sua carrozza,ridiverrebbe zucca, i suoi cavalli sorci, i lacchè lucertole, e che le sue belle vesti riprenderebbero l'antica forma », Il mistero del tempo e la legge del miracolo sono indicati in queste poche parole con leggerezza estrema e tuttavia con quale risolutezza. A che può condurre l'infrazione di un limite se non al regresso tragico nel tempo, al risveglio, il mattino, sulle ceneri fredde? Cenerentola sfiora, nella terza e più gloriosa notte di ballo, quel precipizio: e per schivarlo, fuggendo all'impazzata, non si cura di perdere il suo scarpino di vaio, di rinunciare a un lembo del gratuito, estatico presente del quale una potenza l'ha rivestita. Ma ecco: sarà proprio quel filo, lo scarpino di vaio, a ricondurla al principe. La sua perdita volontaria diverrà il suo guadagno
  « Chi getterà la sua vita la salverà ». Madame Le Prince de Beaumont, in Belinda e il Mostro, conduce lo stesso tema sino a zone ancor più delicate ed occulte. Come ogni fiaba perfetta, anche questa ci mette a parte dell'amorosa rieducazione di un'anima — di una attenzione — affinché dalla vista si sollevi alla percezione. Percepire è riconoscere ciò che soltanto ha valore, ciò che soltanto esiste veramente. E che altro veramente esiste in questo mondo se non ciò che non è di questo mondo? L'amicizia del Mostro per Belinda è una lunga, una tenera, una crudelissima lotta contro il terrore, la superstizione, il giudizio secondo la carne, le vane nostalgie. Non diverso dall'indugiare di Cenerentola al ballo è il ritorno a casa di Belinda, che per poco non costerà la vita al Mostro. E, per l'una e l'altra fanciulla, il rischio di una ricaduta nel cerchio mágico del passato che può devastare, come un gelo fuori stagione, ciò che ha così lungamente atteso di sbocciare: il presente. È l'ordalia di Belinda ma Belinda non lo sa. Infatti, essenzialmente, è l'ordalia del Mostro.
Quand'è che il Mostro si trasforma in Principe? Quando il portento è divenuto superfluo, quando la metamorfosi s'è già compiuta insensibilmente in Belinda: lavandola da ogni rimpianto adolescente, da ogni ruggine di fantasia, non lasciando di lei se non l'attenta anima nuda (« non mi sembra più un Mostro e se anche lo fosse lo sposerei lo stesso perché è perfettamente buono e io non potrei amare che lui »).
  La metamorfosi del Mostro è in realtà quella di Belinda ed è soltanto ragionevole che a questo punto anche il Mostro diventi Principe. Ragionevole perché non più necessario. Ora che non sono più due occhi di carne a vedere, la leggiadria del Principe è puro soprammercato, è la gioia sovrabbondante promessa a chi ricercò per prima cosa il regno dei cieli. « A chi ha sarà dato » assicura il versetto che tanto intriga i fedeli della lettera.
  Per condurre a tale trionfo Belinda, il Mostro sfiorò la morte e la disperazione, lavorò con la pervicacia della perfetta follia notte dopo notte, apparendo alla fanciulla reclusa, rassegnata ed impavida nell'ora cerimoniale: l'ora della cena, della musica. Chiuso nell'egida dell'orrore e del ridicolo (« oltre che brutto purtroppo sono anche stupido ») rischiò l'odio e l'esecrazione di quella che gli era cara: discese agli Inferi e ve la fece discendere.
  Non meno — e non meno follemente — fa Dio per noi: notte dopo notte, giorno dopo giorno. Non conviene dimenticare però che fu Belinda a suscitare il suo Principe, di lontano e senza saperlo. Fu quando chiese a suo padre che infilava la staffa, invece di un gioiello o di una veste sfarzosa, quel suo folle regalo: « una rosa, solo una rosa », in pieno inverno.


Algunos datos biográficos:

Cristina Campo, seudónimo  de Vittoria Guerrini (Bolonia, 29 de abril de 1923 – Roma, 10 de enero de 1977), fue una escritora, poeta y traductora italiana.
Nació en Bolonia, única hija de Guido Guerrini, compositor, oriundo de Faenza, y de Emilia Putti, quien fuera nieta de Enrico Panzacchi (poeta, crítico de arte y crítico musical), y hermana de Vittorio (notable cirujano ortopédico). Por una malformación cardíaca congénita, Cristina siempre padeció una salud precaria, creció aislada de sus compañeros y no pudo seguir estudios escolares de manera regular.
Hasta 1925 la familia Guerrini vivió en la residencia del profesor Putti, en el parque del Hospital Rizzoli de Bolonia. Más tarde la familia se mudó a Parma, y en 1928 a Florencia, donde Guido Guerrini fue convocado para dirigir el conservatorio Cherubini. El ambiente cultural florentino fue determinante para la formación de Cristina Campo, a partir de su amistad con el germanista y traductor Leone Traverso, apodado cariñosamente "Bul" por Cristina, y con quien tuvo una relación sentimental (la correspondencia entre ambos fue publicada por la editorial Adelphi con el título Caro Bul. Lettere a Leone Traverso 1953-1967). Fueron importantes sus encuentros con Mario Luzi y Gianfranco Draghi, que le hicieron conocer el pensamiento de Simone Weil, Gabriella Bemporad y Margherita Pieracci Harwell, la especialista que curaría la publicación de las obras póstumas de Cristina Campo.
Su naturaleza solitaria la llevó a alejarse de elogios y apreciaciones (prefería firmar con nombres ficticios los pocos trabajos publicados en vida), demostrando ser cada vez más indiferente a las estrategias y necesidades del mercado literario. Le gustaba decir de sí misma: "escribió poco, y le hubiera encantado haber escrito menos". Su estilo personal, que se repite en los diferentes géneros literarios que practicaba, se caracteriza por una fuerte tensión para hacer coincidir la palabra con su significado más profundo, evitando todo lo que consideraba obvio o superfluo.
Cristina Campo fue una excelente traductora, especialmente de autores de habla inglesa, como por ejemplo Katherine Mansfield, Virginia Woolf, John Donne y William Carlos Williams. No concebía la traducción como simple reproducción del sentido, sino como un renacimiento, en su propio idioma, de la espiritualidad del autor. A lo largo de su vida se mantuvo fiel a una preferencia especial por Hugo von Hofmannsthal y Simone Weil, de quienes tradujo la tragedia Venezia salva y el ensayo Iliade Poema della forza.
A principios de los años cincuenta trabajó en la recopilación de una antología de escritores, Il Libro delle ottanta poetesse, concebido como "una colección nunca antes realizada de las páginas más puras escrita por la mano femenina a través de los tiempos". La antología, en la que Cristina Campo trabajó mucho, involucrando en las traducciones a varios amigos, no ha sido aún publicada.
En 1955 se trasladó a Roma, donde su padre fue nombrado director del Conservatorio de Santa Cecilia y el Colegio de Música. En esta ciudad hizo nuevos amigos, como Margherita Dalmati (seudónimo de Mary-Nike Zoroghiannide), Roberto Bazlen, María Zambrano. El Dr. Ernst Bernhard, el psicoanalista alemán que introdujo a Carl Jung en Italia, la curó de una persistente agorafobia. En 1958 sucede un encuentro fundamental para ella, con el estudioso y escritor Elémire Zolla, con quien vivió durante mucho tiempo. En los últimos años de vida tuvo un intenso intercambio de correspondencia con el filósofo Andrea Emo, que como vivía aislado su obra sólo recientemente ha sido descubierta y publicada póstumamente.
En 1956 la editorial Vanni Scheiwiller de Milán publicó su primer libro, el poemario Passo d'addio. En 1962 Vallecchi publicó el volumen de ensayos Fiaba e mistero, en parte, se fusionó en el próximo libro, Il flauto e il tappeto, publicado en 1971 por Rusconi.
La última década de su vida estuvo marginada de la escena cultural y profundamente interesada en lo sagrado y la espiritualidad. Así Elémire Zolla recuerda aquellos años:
Su concepción del cristianismo fue ortodoxa y se opuso a la ola de reformas litúrgicas posteriores al Vaticano II. Cristina Campo estaba entre los que fundaron la primera asociación de tradicionalistas católicos, La Voz . También fue la inspiración de la Intervención de Ottaviani, firmado por los cardenales Alfredo Ottaviani y Antonio Bacci, el denominado "Intervento Ottaviani" examen crítico de estas reformas, que tradujo del francés al italiano3 . Su amor por la liturgia la acercó primero a la abadía benedictina de Sant'Anselmo sull'Aventino en Roma, en la que todavía cantan gregoriano, y más tarde al Colegio Russicum. En su forma de entender la espiritualidad cristiana veía en el rito bizantino una mayor fidelidad a los principios del cristianismo.
En la revista Conoscenza religiosa, dirigida por Elémire Zolla, se publicaron los últimos escritos de Cristina Campo, entre los que cabe mencionar el ensayo Sensi soprannaturali y los poemas de "poesie sacre"  inspirado en la liturgia bizantina.
Cristina Campo murió en Roma el 10 de enero 1977, a los 53 años.

Obra:

Traducciones:
Bengt von Torne, Conversazioni con Sibelius, Florencia: Monsalvato (1943), Katherine Mansfield, Una tazza di tè e altri racconti, Torino: Frassinelli (1944), Eduard Mörike, Poesie, Milán: Cederna (1948), William Carlos Williams, Il fiore è il nostro segno, Milán: All'insegna del pesce d'oro (1958); luego en Poesie, a cargo de Cristina Campo y Vittorio Sereni, Torino: Einaudi (1961), Simone Weil, Venezia salva, Brescia: Morcelliana (1963); luego Milán: Adelphi (1987), John Donne, Poesie amorose - Poesie teologiche, Torino: Einaudi (1973), Simone Weil, La Grecia e le intuizioni precristiane, (junto a  Margherita Harwell Pieracci) Milán: Rusconi (1974), L'urgenza della luce. Cristina Campo traduce Christine Koschel, a cargo de Amedeo Anelli, Florencia: Le lettere (2004)

Poesía, ensayos y prosas varias:
Passo d'addio, Milán: Scheiwiller  (1956), Fiaba e mistero e altre note, Florencia: Vallecchi  (1962), Introducción a Storia della città di rame, trad. Alessandro Spina, Milán: All'insegna del pesce d'oro, (1963) (la 556ª novella delle Las mil y una noches), Introducción a Chögyam Trungpa, Nato in Tibet, trad. Donatella Tippet Andalo, Torino: Borla (1970),  Il flauto e il tappeto, Milán: Rusconi (1971), Introducción a Abraham Joshua Heschel, L'uomo non e solo: una filosofia della religione, trad. Lisa Mortara y Elena Mortara di Veroli, Milán: Rusconi (1971), Introducción a Racconti di un pellegrino russo, trad. Milli Martinelli, Milán: Rusconi (1973), Detti e fatti dei Padri del deserto (a cargo de, con Piero Draghi), Milán: Rusconi  (1975), Gli imperdonabili, Milán: Adelphi ( 1987), La tigre assenza, a cargo de Margherita Pieracci Harwell, Milán, Adelphi (1991), Sotto falso nome, a cargo de Monica Farnetti, Milán: Adelphi (1998 e 2003), Lettere a Mita, a cargo de Margherita Pieracci Harwell, Milán: Adelphi (1999), Omaggio a Cristina Campo (1923-1977), a cargo de Antonio Motta.

Correspondencia:
Lettere a un amico lontano, Milán: Scheiwiller (1998) (1ª ed. 1989), L'infinito nel finito. Cartas a Piero Pòlito, a cargo de Giovanna Fozzer, Pistoia: Via del Vento (1998), Il fiore è il nostro segno, (correspondencia con William Carlos Williams y Vanni Scheiwiller con traducción del poeta estadounidense), Milán: Scheiwiller (2001), Caro Bul. Lettere a Leone Traverso (1953-1967), a cargo de Margherita Pieracci Harwell, Milán: Adelphi (2007), Carteggio (con Alessandro Spina), Brescia: Morcelliana (2007), Se tu fossi qui. Lettere a María Zambrano 1961-1975, a cargo de Maria Pertile, Milán: Archinto (2009), Un ramo già fiorito. Lettere a Remo Fasani, a cargo de Maria Pertile, Venecia: Marsilio (2010), Il mio pensiero non vi lascia. Lettere a Gianfranco Draghi e ad altri amici del periodo fiorentino, a cargo de Margherita Pieracci Harwell. Milán: Biblioteca Adelphi (2012), Lettere a Enesto Marchese, Il Giannone (Publicación semestral de cultura y literatura), año XII, n° 23-24, enero-diciembre 2014, p. 33-54, número monográfico titulado Il destino della bellezza.

En castellano la revista Sur publicó en su momento una serie de ensayos hoy reunidos en libro: La nuez de oro y otros ensayos, Ed. Selecciones de Amadeo Mandarino, Bs As, 2006.




Cesare Zavattini

  Quiero enseñarles a los pobres un juego muy hermoso. Suban la escalera con paso de forasteros (esta vez regresen a casa más tarde de lo ac...