Al regresar a Marradi desde Francia, decidió irse y, atraído por el encanto de las pampas argentinas, pronto se embarcó en Génova y llegó a Buenos Aires. En los meses siguientes, vagando casi siempre a pie, se fue a Bahía Blanca, Montevideo, Rosario, Santa Rosa, Mendoza, el ejercicio de las diferentes ocupaciones: sonador del triángulo de la Armada argentina, excavador, niño, novio, portero, el policía (o "bombero"). Para regresar a Italia, se embarcó clandestinamente en un barco: descubierto, trabajó como marinero para ganar el viaje. Así llegó a Odessa, donde hizo una larga escala. C. aprovechó la oportunidad para unirse a una compañía de bossiaki, una especie de gitanos, con quien fue a la feria a vender serpentinas. De colado, llegó a Amberes, donde visitó varios museos y vio la imagen en la cual se inspiraría para Il Cappello alla Rembrandt. A causa de sus extravagancias, conoce la prisión de Saint-Gilles y luego el asilo de Tournay (donde conoció a la figura singular, que proporcionó el pretexto para il russo, una de las páginas más inquietantes de sus Canti Orfici). Liberado, fue a París, y de allí regresó a Marradi.
Entre 1911 y 1912 reunió los frutos de una actividad poética que debe haber comenzado alrededor de veinte años. Estas son las cuarenta y tres composiciones que, tras haber sido transcritas por C. en un cuaderno escolar encontrado en su casa muchos años después de su muerte, componen esa sección que se conoce con el nombre de Quaderno.
“En medio de sus vagabundeos, en su constante errar entre prisiones, sanatorios, países y oficios diversos, Dino escribe y reescribe su único libro que da por terminado en 1913. Para 1914 nuestro poeta se decide a cubrir la distancia que separa Marradi de Florencia, unos sesenta kilómetros, usando como medio de transporte sus propias piernas, con el único objetivo de encontrar un editor para su obra. Su propósito es hacer entrega del manuscrito al pintor futurista Ardengo Soffici y al célebre escritor y editor Giovanni Papini, directores de la prestigiosa revista Lacerba una de las más influyentes del momento. Al encontrarse con Papini, por entonces editor de La Voce, Campana le entrega el manuscrito titulado “Il piú lungo giorno” (“El día más largo”), con la ingenua esperanza de la publicación o, por lo menos, recomendaciones, referencias de otros editores. Pasan los días, Dino espera semanas completas sin escuchar más que un incomprensible silencio, y, al final, al enterarse de que Papini abandonaba su trabajo editorial, nuestro poeta le escribe suplicándole que lo atienda. Nada, sólo silencio, la carta nunca recibe respuesta. Desconcertado, Dino acude a Soffici exigiendo que le devuelva el manuscrito y explicando que esa es la única copia que existe de sus escritos; Soffici se digna responder, pero su respuesta resulta demoledora para la frágil estabilidad mental del poeta: el manuscrito se ha extraviado en una mudanza y no aparecerá hasta 57 años después cuando, en 1971, la viuda de Soffici lo encuentra entre los papeles de su marido. Desmoronado, devastado, al borde de un colapso, nuestro poeta se empeña frenética y febrilmente en reescribir su obra de memoria, posiblemente con ayuda de algunas notas que conserva, y, finalmente, edita por su cuenta sus poemas en la imprenta local de Marradi, ahora con el título de “Canti orfici” (“Cantos órficos”). Cabe anotar que, cuando eventualmente la viuda de Sofficci encontró el manuscrito de El día más largo, sorprendió la fidelidad con que los Cantos órficos se aproximaron a su primera versión. Una vez editada su obra, Campana, aguijoneado por el hambre, se resigna a vender su libro aunque no está dispuesto a venderlo a cualquiera, y, en consecuencia, se desarrolla la escena descrita al inicio de estas líneas, escena que Soffici pinta con estas palabras:
“Un individuo simpático y considerado inteligente quizás podía obtener los Cantos con el autógrafo del poeta; un simple burgués recibía solo el libro o peor, sin la primera página ni la cubierta; si luego se trataba de un tipo ordinario claramente ajeno a las artes, Campana no se lo daba sin antes quitarle delante de él las páginas que consideraba demasiado elevadas […] A algunos estúpidos presuntuosos que se las daban de escritores llegó a no entregar más que la cubierta y pocas páginas que él consideraba poco lograda]“.
Ello contribuye a que su obra sólo encuentre algún eco en el restringido círculo de sus amigos más inmediatos; no obstante, catorce años después, la reedición de los Cantos órficos en 1928 le trae la fama y el reconocimiento de sus contemporáneos, pero para entonces, Dino Campana ha estado internado por diez años en el Hospital Psiquiátrico de Castel Pulci del que ya nunca saldrá. El primero de marzo de 1932, Dino falleció en Castel Pulci debido a una septicemia, posiblemente consecuencia de una infección contraída al saltar la alambrada que rodeaba el sanatorio en un intento por escapar. A su muerte es enterrado en la iglesia de Badia a Settimo, iglesia que durante la segunda guerra mundial fue bombardeada por los nazis.
Ahora bien, en la poesía de Campana no es posible adivinar un único estilo, la suya es una poesía de múltiples voces que encierra paradojas, contradicciones, elementos antagónicos que se funden y confluyen en una voz personalísima que toma símbolos y temas antiguos para proyectar y expresar la angustia y el dolor del ser humano contemporáneo; pero no se trata de un paisaje plagado de nubarrones grises, Campana canta y se derrama en himnos ofreciendo el espectáculo de una poesía pura, a veces demasiado ruda, descuidada en apariencia, versos que remiten al instante primigenio de la creación poética. Sobre este poeta, que se resiste a ser encasillado en convenciones literarias, Curzio Malaparte advierte:
“En su locura de poeta emergieron visiones nocturnas, de un día que se precipita rápidamente en la melancolía de la noche, en el temblor nocturno, en la oscuridad del espíritu […] La pureza deriva de Campana de una infantil, fallida mediación con la realidad que lo circunda. El solo instrumento es la palabra, incomprendida, rechazada, escondida (el manuscrito perdido, sus versos recompuestos en un desván en 1931) que quedó incontaminada precisamente porque no fue usada, no fue explotada. Perla de una ostra que el hado ha vuelto aislada, encerrada. La poesía no tolera reclusiones, el canto es liberación de los afanes, es deseo, es sueño, recuerdo, futuro que fluye y ahoga la palabra constreñida al silencio de Dino Campana, se desprende y se alza como grito, como hoja, como luna eléctrica, como pura energía poética.”
Por otra parte, cabe señalar que la poesía de Dino Campana no se reduce al verso, de hecho, los Cantos órficos abren la puerta de entrada a su poético mundo con un largo poema en prosa titulado La notte; esta prosa poética no pasa desapercibida a Curzio Malaparte quien anota:
“La prosa de Campana es pura poesía, pura y disonante como bronce de campana, como el vacío de la noche, agujero negro que chupa su espíritu tan necesitado de ser reconocido, como enfermo, como persona, como poeta.”
También cabe anotar que el título del poemario no es fortuito, por el contrario, indica claramente la posición del poeta respecto de la tradición lírica italiana. De un lado, la palabra “Cantos” hace referencia a una larga tradición en la lírica italiana; recordemos que, en principio, el canto hacía referencia a un tipo de composición lírica que tenía por fin ser cantada, no obstante, en la tradición italiana el canto hace referencia a las partes de una composición poética de considerable extensión; para ilustrar este punto recuérdese el ejemplo por antonomasia en la poesía italiana: la Divina Commedia, un extenso poema subdividido en 100 cantos; en el caso del poeta que nos ocupa, la palabra “cantos” alude más bien a una deuda con el poeta Giacomo Leopardi en cuyos cantos, cada composición puede entenderse como parte de un conjunto único, pero no pueden definirse como subdivisiones de un extenso poema[4]. La segunda palabra del título “Órficos”, alude a una ruptura, un rechazo de las tendencias poéticas que circulaban en la Italia de Dino; El título también remite a los misterios órficos de la antigua Grecia, al arcano silencio cuyos secretos sólo se descubren al iniciado; de este modo, Campana dota a su poética de un simbolismo que cubre sus palabras bajo un velo de misterio que sólo pueden penetrar unos cuantos elegidos, lo que nos trae la imagen del poeta arrancando páginas de su libro antes de entregarlo al futuro lector.”
http://revistamito.com/dino-campana-el-poeta-maldito-italiano/
Bibliografía:
-Canti Orfici, Tip.
Ravagli, Marradi, 1914.
-Inediti, a cura di E.
Falqui, Vallecchi, Firenze, 1942
-Taccuino, a cura di
Matacotta, Edizioni Amici della Poesia, Fermo, 1949 (poi in Taccuini, edizione
critica e commento di F.Ceragioli, Scuola Normale Superiore, Pisa, 1990)
-Taccuinetto faentino,
a cura di D. De Robertis, Vallecchi, Firenze, 1960
-Fascicolo marradese
inedito del poeta dei "Canti Orfici", a cura di F. Ravagli,
Giunti-Bemporad Marzocco, Firenze, 1972
-Il più lungo giorno.
I. Riproduzione anastatica del manoscritto ritrovato dei Canti Orfici, II: Il
testo critico, a cura di D. De Robertis, prefazione di E. Falqui, Archivi di
Arte e Cultura Dell'Età Moderna - Vallecchi, Roma-Firenze, 1973 (Poi su CD-ROM:
Vallecchi, Firenze, 2002